domingo, 5 de junio de 2011

43. Siervo de Dios SEGUNDO LLORENTE (misionero en el Círculo Polar)

Carné de identidad
Nombre: Segundo
Nace: Mansilla Mayor (León), 18 noviembre 1906
Padres: Luis y Modesta
Profesión: sacerdote jesuita misionero
Muere: Spokane (USA), 26 de enero de 1989
Proceso de beatificación iniciado

Su vida
Es el mayor de ocho hermanos. Con 15 años va al Seminario de León. En 1923, después de unos ejercicios espirituales, decide ser jesuita. Noviciado en Carrión de los Condes; Humanidades en Salamanca, y en 1930 Filosofía en Granada. Quiere ser misionero. Ha oído decir a Pío XI que la misión de Alaska es la más difícil del mundo: pide ir allí. Después de mucho rezar e insistir, el Superior General acepta pasarlo a la Provincia jesuita de Oregón (USA) para que “si al provincial le parece bien y el médico dice que puede aguantar el clima le envíen a Alaska”. Estudia inglés y teología. Ordenado sacerdote el 24 de junio de 1934, es destinado a Akulurak (Alaska). Las comunicaciones son difíciles en este territorio cuatro veces mayor que España: tarda 37 días en llegar a su misión. El clima es duro: a veces hasta 53º bajo 0. Hielos perpetuos, tormentas de nieve, días breves en invierno, largos en verano, deshielo que produce inundaciones, aldeas de 3 o 4 casas a distancias enormes que hay que recorrer en trineo tirado por perros. El padre Llorente tiene una salud fuerte, es inteligente, sacrificado, muy espiritual, gran sentido del humor, de una simpatía arrolladora. Escribe crónicas que entusiasman a miles de lectores en España. Su parroquia es inmensa. Recorre espacios helados horas y horas para bautizar, dar catequesis, celebrar los sacramentos, aprovechar la pesca anual del salmón para evangelizar… Aprende el esquimal. En los 40 años que pasa allí sólo una vez vuelve a España. En 1959, Alaska llega a ser el 49 estado de la Unión. Su fama hace que en 1960 sea elegido diputado del Congreso de Alaska.
En 1975, después de 40 años entre hielos, tiene que dejar Alaska. El 26 de enero de 1989 fallece en Spokane.

Un momento de gracia en su vida
“Hoy 23 de diciembre de 1959, hemos amanecido con 38º bajo cero. Lo de ‘amanecer’ es un decir, pues apenas se ve hasta las 10’30 y a las 3 de la tarde oscurece. Noches de 19 horas…. Vivo solo, absolutamente solo… Tiritando a más y mejor enciendo la estufa… y poco a poco el calorcillo se propaga….
24 de diciembre: me espera mucho trabajo. Le pido al Señor que sea él mi cirineo… A la una de la tarde empiezan a venir penitentes. Unos se confiesan en inglés, otros en esquimal  y otros en ‘mezcla’. A las 5 ya estoy cansado. A las 6, mucho más. Pero siguen viniendo, Dios les bendiga… Han venido muchos trineos... A las 11’30 la iglesia está casi llena. Abarrotada a las 12. Empieza la misa, cantada desde luego, y con incienso. Todos corean el ‘Adeste fideles’, a voz en cuello. Al llegar al sermón, les digo que estoy cansado y seré breve; y luego me doy cuenta que llevo media hora predicando. Es que el tema se lo merece. Todos escuchan sin pestañear. Todos comulgan ¡no faltaba más!
A las 2 de la mañana se han ido todos y me quedo solo, temblando de cansancio, de emoción, de devoción y de amor al Niño Jesús, al que digo mil ternezas que no hay por qué detallar. ¡Qué consuelo ser católicos! Tomo unas pasas y un café y me acuesto. Me debí dormir inmediatamente.”

Para meditar: unos pensamientos suyos
  • “¡Cómo nos gusta decir que la Iglesia es católica, universal, que tiene que estar en todas partes! Los esquimales son también hijos de Dios, y me ha tocado el privilegio de ser su misionero. Aquí está la Iglesia gracias a nosotros los misioneros.”
  • “Un bautismo en la tundra, se me antoja a mí un refresco que Dios le tiene a uno preparado después de un viaje penoso por tormentas de nieve.”
  • “Cuando llevo la comunión a estas tiendas tan pobres y a enfermos que son esqueletos vivientes, la bondad de Dios me inunda… Y que me haya escogido a mí para llevarle me hace derretir de agradecimiento…”
  • “Jesús en el Sagrario llena el vacío de mi corazón y vuelvo a recobrar la paz alterada. Sin el Sagrario la vida no merece vivirse. Con el Sagrario todo se torna luz, paz, esperanza y gozo interno y redunda hasta en los mismos huesos”.

Para rezar con él y como él
Señor, úsame como quieras y cuanto quieras
sin hacer caso de mis quejas necias.
Por ríos y tundras,
por hielos y arbustos,
llévame de noche y de día.
No fallaré aunque me coman vivo.
Todo para ti.”

¡Señor, qué descanso será el del cielo siempre contigo,
sin empujones, sin oleajes, sin mareos,
sin más cuidado que alabarte eternamente
en compañía de los ángeles y de los santos.
¡Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo!

¿Y yo?
¿Soy consciente de la necesidad de misioneros? ¿Qué puedo hacer? Concretar.

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