Carné de identidadNace: Segovia, 31 octubre 1910
Nombre: Eduardo María
Padres: Manuel y Eulogia
Profesión: médico, catedrático de Universidad
Casado: con Laura Busca, 7 hijos
Muere: Pamplona, 1985
Causa introducida en 1998
Su vida
Es el segundo hijo de una familia muy cristiana. Su padre, militar, es destinado a Madrid en 1915. Eduardo, al terminar su bachillerato, estudia Medicina en Madrid y en 1934 termina la carrera. En 1935 trabajando en el Hospital Nacional, conoce a su futura mujer Laurita, farmacéutica. Estalla la guerra civil. El 8 de septiembre de 1936, su padre es fusilado en la Cárcel Modelo. Este hecho le hace volver a la práctica religiosa que tenía abandonada. Al terminar la guerra civil, trabaja en el Hospital Clínico con el doctor Jiménez Díaz. En 1941 se casa con Laurita en Aranzazu (Guipúzcoa). Tendrán siete hijos. Gana la cátedra de Patología General de la Facultad de Medicina de Cádiz en 1946. Luego la de Granada, donde es nombrado Decano de la Facultad, y en 1958, vicerrector de la Universidad. Tiene fama de ser una eminencia médica. En 1952 se incorpora al Opus Dei. Y en 1958 le piden su colaboración para la Escuela de Medicina de Pamplona, que será la Universidad de Navarra. Su vida, desde entonces, queda vinculada a la Universidad y a la Clínica Universitaria, a la que dará una merecida fama. Es una persona sencilla, que transmite paz y alegría. ¿Su secreto? Una intensa vida cristiana (oración, misa diaria…) que impregna todo su trabajo profesional. En 1983 se le descubre un tumor canceroso, del que fallece el 20 de mayo de 1985.
Un momento de gracia en su vida
En 1958 la propuesta de colaborar en la Escuela de Medicina de Navarra, cambia totalmente su vida. Lo consulta con Laurita y acepta. Deja atrás una vida cómoda para meterse en una aventura incierta. Dirá más tarde:
“Entonces, en Granada, ganaba mucho dinero. Pude hacerme rico. Pero dejé aquello porque cuando se tiene todo, ya no se tiene ilusión por nada. Ahora veo que de haber seguido en Granada hubiera acabado por hacer lo que otros acaudalados: comprar un cortijo y unos olivos. Aquí, en Pamplona, sólo había ilusión y pocos medios para levantar una Facultad de Medicina recién inaugurada, y para crear una clínica universitaria.
San Josemaría Escrivá le preguntó:
- Y tú ¿a qué has venido a Pamplona?
- Para ayudar a levantar esta Universidad, contestó muy ufano.
- Hijo mío, has venido a hacerte santo, si lo logras, habrás ganado todo.
Rechazó la posibilidad de abrir una consulta en el centro de la ciudad. Pidió un pequeño consultorio en la facultad de Medicina.
Logró las dos cosas: levantar la Facultad… y hacerse santo.
Para meditar: unos pensamientos suyos
- “Mientras la Universidad tenga ese cariño a los enfermos será una Universidad modelo. Si en un futuro, Dios no lo quiera, faltara, sería como un castillo de naipes que se viene abajo. Tan importante es el enfermo como la Universidad.”
- “La misión del médico no es sólo curar a los enfermos. Hay que darles cariño, confianza, ganas de vivir. Porque, aunque la medicina está por encima de la voluntad de los hombres, las ganas de vivir siempre ayudan.”
- “Que nadie, por miedo a la reacción del enfermo, tema proponerle los sacramentos. La grandeza humana es mayor de lo que se cree: el final se acepta con serenidad. No me meto con los que no tienen fe: allá ellos. Nunca he visto que la impresión acelere la muerte. Al contrario: dan al enfermo más tranquilidad y más paz.”
- “Una de las vías para comprender mejor a Dios es la enfermedad.”
Para rezar con él y como él
Señor,
he recibido tranquilo la noticia de mi enfermedad irreversible.
No me la esperaba, Señor.
Pero me ha hecho ver algo que siempre he creído:
que la ciencia y la fe en Ti están juntas
y, unidas, dan mucho fruto.
Dicen, Señor, que tú das conformidad, y veo que es cierto.
Acepto lo que quieras darme.
Tengo fe en Ti y te pido que esta fe no me abandone en esta hora final.
Te pido también, Señor, que a mi familia no le falte nada cuando me vaya a Ti.
(Adaptado de unas palabras suyas)
“¡Cuánto bueno recibí del Señor y de ti, Virgen María!
Por eso el pasado está presidido por el agradecimiento;
el presente es de confianza, Madre nuestra, no me abandones;
y el futuro está ya en la proximidad del salto al paraíso prometido.”
¿Y yo?
¿Mi vida cristiana y mi vida profesional forman un todo? Examinarse.
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