Carné de identidad
Nace: 15 agosto 1917, Ciudad Barrios (El Salvador)
Padres: Santos y Guadalupe
Profesión: sacerdote, arzobispo
Muere: asesinado, San Salvador, 24 marzo 1980
En proceso de beatificación desde 1993
Su vida
Es el segundo de ocho hermanos. Su padre es empleado de correos. A los 13 años ingresa en el seminario menor. En 1937 es enviado a estudiar a Roma y allí es ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942. La guerra mundial le obliga a volver a El Salvador. Como párroco en San Miguel organiza el apostolado seglar. Es un gran devoto de la Virgen. En 1966 es secretario de la Conferencia episcopal de su país. En 1970 es nombrado obispo auxiliar de San Salvador; luego en 1974 obispo de Santiago de María y por fin arzobispo de San Salvador en 1977. El Salvador vive una situación de injusticia y opresión en la que los grandes terratenientes explotan a la gente sencilla. Los paramilitares han creado un clima de terror, eliminando sin piedad a los que estorban. Mons. Romero, tímido y reservado, es recto y evangélico en sus juicios. La emisora del arzobispado trasmite sus homilías de denuncia. Se la dinamitan, le amenazan, pero no calla: “Si denuncio y condeno la injusticia es porque es mi obligación como pastor de un pueblo oprimido y humillado”. El 24 de marzo de 1980, mientras celebra misa en la capilla de un hospital, un asesino a sueldo lo mata de un tiro al corazón.
Un momento de gracia en su vida
En 1977 al ser nombrado arzobispo de San Salvador personas influyentes le ofrecen una casa en un barrio residencial y un Cadillac. Lo rechaza de plano. Un mes después, el 12 de marzo, un jesuita, Rutilio Grande, es asesinado en la aldea de Aguijares. Colaboraba en la creación de grupos campesinos de autoayuda. Mons. Romero, su amigo, dirá más tarde en una entrevista:
“Han matado ya 4 sacerdotes de mi diócesis… violentamente, por la espalda. Entre ellos Rutilio Grande, mi gran amigo, casi mi colaborador más íntimo, el hombre que sólo sabía predicar la justicia… En cuatro ocasiones he tenido que acudir a los caminos, a un suburbio, a un hospital a recoger sus cadáveres y velarlos en sus parroquias con sus feligreses... Ante sus cadáveres mártires, emparentados con miles de muertos violentamente de nuestro país, sentí que debía continuar con su testimonio, con su esperanza…”
Para meditar: unos pensamientos suyos
- “Físicamente la verdad puede ser muy débil, como el pequeño David, pero por más grande, por más armada que se ponga la mentira, no es más que un Goliat que caerá por tierra bajo la pedrada de la verdad.”
- “Seremos firmes, sí, en defender nuestros derechos, pero con un gran amor en el corazón. Porque al defender con amor estamos buscando también la conversión de los pecadores. Ésa es la venganza del cristiano.”
- “…porque la Iglesia se ha puesto al lado de los más débiles, nos llaman subversivos. Nosotros estamos al lado de los masacrados, explotados, abandonados, de los cada día atropellados, de los hambrientos…”
- “No se puede cosechar lo que no se ha sembrado. ¿Cómo vamos a cosechar amor en nuestra patria si sólo sembramos odio?”
- “La tierra tiene mucho de Dios y por eso gime cuando los injustos la acaparan y no dejan tierra para los demás. Las reformas agrarias son una necesidad teológica.”
- “Sin Dios no puede haber una verdadera de liberación. Liberaciones inmediatas las puede haber, pero definitivas, sólidas, sólo los hombres de fe las van a realizar… Mis queridos hermanos que no creéis en Dios ni en la Iglesia y tratáis de hacer una patria más justa: noble es vuestra lucha pero no es completa.”
- “El compromiso con los pobres entraña peligros. Por eso quienes proclaman públicamente lo que a Dios le disgusta en nuestra sociedad son asesinados.”
Para rezar con él y como él
“Señor, si tuviéramos hombres de oración
entre los hombres que manejan
los destinos de la patria, los destinos de la economía;
si los hombres más que apoyarse en sus técnicas humanas se apoyaran en Ti,
tendríamos un mundo como lo sueña tu Iglesia:
un mundo sin injusticias, un mundo de respeto de los derechos,
un mundo de participación generosa de todos,
un mundo sin represiones, un mundo sin torturas.
Sin Ti no puede haber liberación
pues donde está el pecado no puedes estar Tú.”
(adaptado de sus homilías)
¿Y yo?
No estoy amenazado como él pero ¿me atrevo a defender y practicar la doctrina social de la Iglesia? ¿Cómo?

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