Carné de identidadNombre: Gianna (Juana)
Nace: 4 octubre 1922, Magenta (Italia)
Padres: Alberto y María
Profesión: médico
Casada: con Pedro Molla en 1955; cuatro hijos
Muere: 1962 en Magenta
Canonizada: 2004 por Juan Pablo II
Fiesta: 28 abril
Su vida
Es la décima de una familia muy cristiana de trece hijos. Hace la primera comunión a los cinco años y medio. Un hermano suyo es sacerdote; una hermana, religiosa misionera en Brasil; y otro hermano, médico, se hace también sacerdote y misionero. Juana, desde muy joven, entra en el movimiento de Acción Católica, muy perseguido entonces por el fascismo; llega a ser una dirigente entusiasta, activa, comprometida. Le gusta esquiar y el alpinismo. En cierto momento de su vida piensa en hacerse misionera, pero se da cuenta que no es ese su camino. Estudia medicina y en 1949 se doctora en medicina y cirugía con especialización en pediatría. Conoce un ingeniero, llamado Pietro Molla, con quien se casa en 1955. Forman una pareja muy alegre, muy unida, con su amor muy centrado en Dios. Van viniendo varios hijos. Estando en su cuarto embarazo se le descubre un fibroma. Sigue adelante con el embarazo: nace una niña, pero ella fallece.
Un momento de gracia en su vida
En septiembre de 1961, en el segundo mes de su cuarto embarazo, se le descubre un fibroma en el útero. Al ser intervenida, pide al médico que salve la vida que lleva en su seno. Así se logra. Pide al Señor que la niña que lleva nazca sana.
Algunos días antes del parto, se pone en manos de Dios, y pide al médico: “Si hay que decidir entre la niña y yo, ni dudar: escoja la niña. Se lo exijo…” El 21 de abril de 1962, nace felizmente Gianna Emmanuella. Pero la mamá ha quedado muy tocada. Después de una semana de sufrimiento, a pesar de los esfuerzos del médico, Juana muere santamente. Repetía una y otra vez: “¡Jesús, te amo! ¡Jesús, te amo!” Tenía 39 años. Juan Pablo II la canonizó el 16 de mayo de 2004. Gianna Emmanuella, médico también ella, asistió a la canonización de su madre, junto con su padre y dos hermanos (otro había fallecido).
Para meditar: unos pensamientos suyos
- “Cuando estoy en una cima, con un cielo sereno, una nieve muy blanca, ¡qué alegría tan grande se siente y qué bien se puede alabar a Dios! Pedro, tú ya lo sabes, ¡me siento tan feliz en contacto con la naturaleza, tan hermosa, que me quedaría horas en contemplación!”
- “Miremos a Jesús. Permanece firme, incluso cuando su palabra molesta. Su mensaje viene del cielo y lo transmite intacto, pase lo que pase.”
- “El centro de nuestra vida de oración tiene que ser el sagrario, porque es el centro del amor, de la caridad. Es la vida de nuestras iglesias, el centro de irradiación de todas las obras buenas y santas.”
- “A uno le gustaría estar siempre bien, escapar del dolor, gozar… Para la salvación de las almas no basta la oración, la palabra; es necesario unir algo de nosotros mismos, alguna gota de sangre, un poco de nosotros mismos. Como Jesús, llevar día a día la cruz que nos venga.”
- “Pedro, ya sabía que me querías, pero tu carta de hoy me lo confirma y me llena el corazón de alegría. Piensa, Pedro, es el Señor quien nos ha dado esta gracia tan grande: ¡qué agradecidos tenemos que estar con Él!”
- Pedro, te pido un gran favor. Perdóname si alguna vez me ves de mal humor o melancólica (procuro reaccionar, pero a veces fallo): espero que es una indisposición de los primeros meses. Tu gran amor me ayudará a ser fuerte y a vencerme.” (a su marido)
Para rezar con ella y como ella
Señor, gracias por mi vocación de médico.
Todo el mundo trabaja para el servicio del hombre,
pero nosotros al servicio del hombre mismo,
del hombre que nos dice de algún modo “¡Ayúdame!”
Señor, has hecho el hombre no sólo con un cuerpo:
en ese cuerpo has infundido un espíritu, un alma inmortal.
Que sepa estudiar bien cada caso y no piense en el dinero.
Que sepa cuidar los cuerpos con competencia profesional.
Que sepa ver en el enfermo a un hermano.
Que no olvide que el enfermo tiene un alma.
Señor, el sacerdote toca tu cuerpo en la eucaristía;
nosotros tocamos tu cuerpo presente en los que sufren.
Gracias, Señor, por mi vocación.
(inspirado en sus escritos)
¿Y yo?
¿Valoro de verdad a la persona humana, en su cuerpo y en su alma, desde el momento de la concepción hasta la muerte? ¿Apoyo a algún grupo pro-vida?
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