Carné de identidadNace: 16 noviembre 1900, Belene (Bulgaria)
Padres: Luis y Beatriz, campesinos
Profesión: religioso pasionista, obispo
Muere: fusilado en Sofía en 1952
Beatificado: 1998 por Juan Pablo II
Fiesta: 11 de noviembre
Su vida
Nació en una familia católica. Los católicos en Bulgaria son muy pocos, ya que la mayoría de los cristianos son ortodoxos. Muy joven entró en el seminario de los pasionistas. Es un chico simpático, inteligente, estudioso y alegre. Estudia filosofía y teología en Bélgica y Holanda. Vuelve a Bulgaria en 1924 y es ordenado sacerdote en 1926. Le mandan a Roma a estudiar en el Pontificio Instituto Oriental. Domina siete idiomas. Muy abierto, llega a ser muy conocido y apreciado por los ortodoxos e incluso por los no creyentes. Ejerce de párroco de una pequeña comunidad católica. En 1940, Bulgaria fue invadida por las tropas de Hitler y pudo salvar muchos judíos de la persecución nazi. En 1944, la URSS invadió Bulgaria y creó la República Democrática Búlgara. En 1947 fue ordenado obispo. Su primera tarea fue ‘recristianizar’ a sus fieles, para prepararles a la persecución que se veía venir. Los comunistas quieren que los católicos constituyan una ‘iglesia nacional’ separada de Roma. Ni promesas ni amenazas los doblegan. “He tenido coraje para vivir, espero tenerlo también para lo peor, permaneciendo fiel a Cristo, al Papa, a la Iglesia. La ley que se nos ha impuesto es inaceptable.”
El 16 de julio de 1952 es arrestado con otros muchos sacerdotes. Se le monta un juicio, lleno de mentiras, en el que se le acusa de ser “jefe de la organización católica subversiva de espionaje”. Para que confiesen se les tortura. Con gran fortaleza se mantiene firme. Por fin el obispo es condenado a muerte. Fue fusilado el 11 de noviembre de 1952.
Un momento de gracia en su vida
En 1948 consiguió del gobierno comunista permiso para viajar a Holanda. Aprovechó para visitar Roma. Pío XII le recibió en audiencia: “me sentí muy a gusto con él. Aunque me esperan días muy difíciles, estas vivencias suponen una gran alegría y me mantendrán firme”. Un pasionista que le encontró rezando ante la imagen de la Virgen “Salus populi romani”, en la Basílica de Santa María la Mayor, le pregunta:
- ¿Qué hace usted aquí, Padre Eugenio?
- Necesito una gracia extraordinaria: morir mártir por mi diócesis. Sólo la Virgen me lo puede conceder.
Intuía lo que le iba a pasar. Alguien le aconsejó no volver a Bulgaria. Contestó:
- Tengo que regresar y morir al lado de mi clero y de mi pueblo.
Al despedirse de la comunidad: “Ahora pedid a la Virgen que me haga digno de morir por nuestra fe”.
Para meditar: unos pensamientos suyos.
- “Tengan esto muy en cuenta todos los búlgaros: cuentan con una madre, la Iglesia romana, la que mirándolos con ternura y tendiéndoles las manos, los espera con los brazos abiertos, para abrazar de una vez y para siempre a todo el gran pueblo búlgaro.”
- “Nuestra situación es crítica. Me obligan a jurar este texto. Yo les he dicho categóricamente que jamás. Sé a qué me arriesgo… Donde está el ‘misterio de iniquidad’, está también presente la omnipotencia de Dios y la oración de sus santos. Ahí radica nuestra fortaleza…”
- A su sobrina después de condenado: “Siento que el Señor me da su gracia. Acepto morir… No lloréis; la Virgen no os abandonará. No os va a faltar la ayuda del cielo. No he renegado ni de la Iglesia, ni del Santo Padre, ni de don Francisco Galloni (el nuncio expulsado), como ellos han dicho mintiendo.”
Para rezar con él y como él
Padre, tú has aceptado el sacrificio
que te ofreció tu obispo Eugenio
al compartir con su pueblo unos tiempos de opresión y de sufrimiento.
Ayúdanos a mantener vivo su recuerdo
junto con el de todos los mártires, antiguos y actuales.
Ellos participan así, a través de los tiempos,
en la agonía de tu Hijo
para la salvación del mundo.
(en la misa de la beatificación)
¿Y yo?
¿Estoy de corazón y de hecho -con hechos- unido a la Iglesia, al Papa, a mi Iglesia local? ¿Lo demuestro sin miedo?
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