jueves, 12 de mayo de 2011

19. Santa EDITH STEIN (la ciencia de la Cruz)


Carné de identidad
Nombre: Edith; de religiosa: Teresa Benedicta de la Cruz
Nace: 12 octubre 1891 en Breslau, Alemania (hoy Wroclaw, Polonia)
Padres: Sigfrido y Augusta
Profesión: filósofa; carmelita descalza
Muere: Auschwitz, 9 agosto 1942, mártir
Canonizada: 1998 por Juan Pablo II
Título: copatrona de Europa
Fiesta: 9 agosto

Su vida
Es la menor de once hijos de una familia de judíos practicantes. Cuando tiene dos años muere su padre. A los 15 años una crisis le hace abandonar la religión porque le parece sin sentido. Estudia psicología, historia y germanística. En la Universidad de Gotinga le atrae la filosofía de Husserl y de Max Scheller. Doctora en filosofía por Friburgo con la máxima calificación, se queda allí como asistente de Husserl. En 1919, como feminista, se dedica a la política. Por ser mujer le niegan una cátedra universitaria. Los años de 1920-21 son de búsqueda interior de la verdad. La encuentra en el catolicismo y es bautizada en 1922. Enseña en un colegio católico, escribe, traduce libros, da conferencias sobre la cuestión femenina… En 1933, intenta de nuevo tener una cátedra, pero el triunfo de Hitler le prohíbe toda actividad docente. Decide hacerse carmelita en Colonia y sigue escribiendo filosofía y teología. A finales de 1938 se traslada al Carmelo de Echt (Holanda) por el antisemitismo de los nazis. A la muerte de su madre, su hermana Rosa se bautiza y entra también en el Carmelo. Al estallar la guerra mundial, Holanda es invadida por las tropas de Hitler. El 2 de agosto de 1942 la Gestapo detiene a las dos hermanas. Edith toma de la mano a su hermana Rosa y le dice: “¡Nos vamos con nuestro pueblo!”. Con cientos de judíos son trasladadas al campo de exterminio de Auschwitz Birkenau, donde son inmediatamente gaseadas.

Un momento de gracia en su vida
En junio de 1921, Edith pasa una temporada en casa de su amiga Hedwig Conrad-Martius. Ésta y su marido se habían convertido a la fe evangélica. Edith encuentra en la biblioteca la autobiografía de santa Teresa de Ávila. Pasa la noche leyendo: “Al cerrar el libro me dije: Aquí está la verdad”. Diría más tarde: “Hasta entonces mi búsqueda de la verdad era mi única oración”. Al bautizarse dirá: “Había dejado de practicar la religión judía, y cuando volví a Dios me sentí de nuevo judía. Soy católica, pero más judía que nunca, y no sólo en la carne, sino también en el espíritu”.

Para meditar: unos pensamientos suyos
  • “Pensé que llevar una vida religiosa significaba renunciar a todo lo terreno y vivir sólo pensando en Dios… Me he dado cuenta que este mundo exige otra cosa de nosotros… Creo incluso que cuanto más se siente uno atraído por Dios, más debe uno ‘salir de sí mismo’ e ir hacia el mundo para darle una razón divina de vivir.”
  • “Nuestro actuar entre los demás resultará eficaz y estará bendecido por Dios sólo si no cedemos un centímetro del terreno seguro de la fe y seguimos nuestra conciencia sin dejarnos influenciar por el qué dirán.”
  • “Ninguna vida de mujer es vacía o pobre, si está iluminada por la alegría sobrenatural. Este tiene que ser fin de la educación de las jóvenes: entusiasmarlas por el ideal de hacer de la propia vida un símbolo misterioso de la unión de Cristo con la Iglesia, con la humanidad redimida.”
  • “Dios, toda la Trinidad, está en nosotros. Si en el fondo de nuestro corazón construimos una celda bien protegida en la que retirarnos lo más a menudo posible, no nos faltará nunca nada en cualquier situación.”
  • “No pienso que la misericordia de Dios se pueda detener en las fronteras de la Iglesia visible. Dios es la verdad. Quien busca la verdad, busca a Dios.”

Para rezar con ella y como ella
Contigo, María, al pie de la Cruz (Viernes santo 1938)
Hoy he estado bajo la cruz contigo,
y he sentido claramente, ¡como nunca!
que Tú, bajo la Cruz, te convertiste en nuestra Madre.
Una madre que de verdad se afana
por cumplir el último deseo de su hijo.
Acogiste a los tuyos en tu corazón,
y con la sangre derramada por tus sufrimientos
has comprado vida nueva para todas las almas.
Nos conoces a todos: nuestras flaquezas, nuestras debilidades.
Conoces también el resplandor del Cielo
que el amor de tu Hijo quiere derramar en nosotros.
Y así, con cariño, guías nuestros pasos hacia la Meta.

¿Y yo?
¿Cómo ando yo en la “ciencia de la Cruz”? ¿Rehuyo las cruces o las llevo en seguimiento de Cristo?

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