martes, 8 de mayo de 2012

INICIACIÓN A LA EUCARISTÍA PARA NIÑOS (anterior a la Primera Comunión)

1. ¿De qué se trata?
De algo previo a la primera Comunión:
La conciencia de la importancia de la eucaristía en la vida espiritual debe cultivarse desde lo antes posible, antes de la preparación de la Primera Comunión. Hay que crear amor y deseo.
¿Por qué?
  • La importancia de la eucaristía para nosotros, católicos. “La Iglesia hace la eucaristía, pero la eucaristía hace la Iglesia”. La gran fuerza de la Iglesia católica viene de la Eucaristía. No nos damos bastante cuenta de eso.
  • Es algo esencial en la vida cristiana, sin eucaristía los cristianos padecemos anemia en la vida espiritual.
  • Por eso hay que empezar pronto con los niños, para que el encuentro con Jesús sea amado y deseado. Y así cuando les toque hacer la preparación directa a la primera Comunión lo tomarán con más entusiasmo.
  • Además hay que tener en cuenta que no siempre los encuentros ‘personales’ con el Señor coinciden con los oficiales.

2. Puntos que tenemos que tener claros los padres y educadores
Lo que creemos: es muy importante estar convencidos de estas verdades. Y vivirlas.
  • La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia = "Cristo mismo”, el sacramento.
  • “…contiene verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y por consiguiente cristo 
  •  La misa: “hace presente el sacrificio de la cruz  y aplicas su fruto”.
Todo esto es un “misterio” que nos sobrepasa.
  • Lo que entendemos los cristianos por ‘misterio’. No es algo de lo que no se sabe nada. Es una luz sobre una verdad de la que poco o nada sabíamos y Jesús nos lo ha revelado: por ej. La Sma. Trinidad, la presencia real de Jesús en la eucaristía... No son racionales (no se pueden ‘demostrar’), pero sí razonables, es decir, algo que tiene su lógica, que es hermoso y nos parece formidable aunque no sepamos del todo cómo es.
  • Pero transmitir todo esto no es siempre fácil.

3. Cómo ir “entregando” esto a los hijos…
No olvidar que la transmisión no es automática.
  • Abrir ventanas (no podemos meter el sol, pero podemos abrir ventanas para que su luz y calor entren); preparar caminos como Juan Bautista.
  • No por ‘indoctrinación’, sino por ‘contagio’: ver a sus padres. “…yo apoyo y fomento cuanto puedo estas cosas. Para algunas no necesito explicación racional alguna, porque yo vi a mis padres ante el Santísimo. Y rezar el rosario, y sé lo que es ir a una novena… Sin eso tendría ojos de antropólogo, fríos, y pretendería siempre que me ‘expliquen el sentido’ de manera racional y con conceptos. Fatal.” (MGS)
Algunas pistas (más o menos en el orden en que pueden ser comprendidas de los 2 a los 6 años; depende bastante del ambiente en que viven los niños).
  • “La casa de Jesús”,  que ‘vean’ que nuestras iglesias están ‘habitadas’. El Sagrario y su lucecita que indican una presencia… Y nuestra ‘reverencia’, nuestra delicadeza, nuestro silencio al entrar o estar en la ‘casa de Jesús’. Explicarles en voz bajita…
  • “Jesús escondido”, como lo llamaban los niños de Fátima. Escondido bajo la apariencia de pan.
  • Como la eucaristía es un misterio de amor, sólo se puede comprender desde el amor. Después de hacerse hombre y subir al cielo, quiso quedarse de algún modo con nosotros, para ser nuestro amigo… Y allí está en la forma consagrada. Y la lucecita es para que lo sepamos. Le gusta que le visitemos…
  • Y esto lo inventó justo el día antes de morir. En la última cena con los apóstoles. El relato del evangelio.
  • “Haced esto en memoria mía”. Así les dijo a los apóstoles y a los que ellos fueran escogiendo: los sacerdotes. La figura del sacerdote. Antes de comprender su función que vayan viendo que es alguien especial (lo antes posible, verlo revestido)…
  •  El sacerdote es el que hace bajar a Jesús  al pan ‘consagrado’… San Pío X, a principios del s. XX insistió en que los niños comulguen pronto. “Cuando sepan distinguir el pan eucarístico del pan ordinario”. Un modo de que lo vayan comprendiendo es que acompañen a sus padres a comulgar y reciben una bendición… Se va creando el deseo de unirse con Jesús escondido.
Todo esto va facilitando la preparación específica a la primera comunión. Ha creado el ambiente propicio. Nada quiero decir sobre ella, sino una sola cosa que se olvida: la primera comunión significa que un bautizado ha llegado ya a la ‘mayoría de edad’ cristiana. No es pues una fiesta ‘infantil’…

4. ¿A misa con los niños pequeños?
Un tema difícil: llevar a los niños pequeños a misa o no. Obligación no tienen, pero ¿será bueno iniciarles pronto? ¿No ‘estorban’ allí?
  • Antes que nada: Hacer del domingo un “día especial”, un día más alegre porque es el día de Jesús. Un día con algo’especial’…
  • Los papás van a la Iglesia, a la casa de Jesús. ¿A qué? A tener un encuentro con Él…
  • Sería bueno que antes de llevarlos haberles ‘familiarizado’ un poco con la ‘casa de Jesús’. Yendo con ellos a una iglesia vacía: la lucecita, el silencio, Jesús está allí…
Si se les lleva:
  • Que no estén si ver nada más que las espaldas de otras personas. Mejor delante. Que no vayan con juguetes.
  • No temer hablarles, enseñar algunos gestos…  Les gusta el canto…
  • Llevarles a comulgar con nosotros. La señal de la cruz en la frente… Cuando seas mayor…
  • Ir enseñándoles quién es el que está ‘escondido’: la vida de Jesús según los evangelios.
La misa de niños:
  • Papel de iniciación, pero no tiene que ser demasiado distinta de la de mayores.
  • La misa tiene una estructura fija y sencilla. Hay partes que no van a entender… más que viendo la actitud de los mayores.
  • Por eso que en esa misa las personas mayores tengan su papel.
  • Que se lea el Evangelio y se explique a nivel de primera comunión.
  • Que aprendan las respuestas de la misa normal, para que la incorporación posterior sea fácil.

martes, 1 de mayo de 2012

LAS "ELEVACIONES" DE LA MISA

Unas sencillas reflexiones para comprender mejor algunos aspectos de la misa y así participar de corazón en ella.

A través de la celebración de la Eucaristía, el sacerdote eleva en varias ocasiones el pan y el vino, antes y después de la consagración. Aunque no soy ningún especialista en liturgia, me gusta intentar captar el sentido, no sólo de las palabras, sino de esos pequeños gestos. Para vivirlos. Hoy se me ocurre compartir mis reflexiones sobre ese gesto - “elevar” - repetido cinco veces. Estoy convencido que cada una de esas “elevaciones” que el sacerdote realiza durante la misa tienen un sentido y un matiz propio; no es un simple “mostrar”. Toca al celebrante expresarlos de la mejor manera posible; y a todos vivirlos. Todas esas elevaciones tienen, como base, un evidente acto de fe en la entrega que el Señor nos hace de su cuerpo y sangre para nuestra salvación. Pero en cada caso hay un plus añadido.

Ofertorio
El celebrante, en nombre de todos, presenta al Señor el pan y el vino. Una elevación humilde, expresión de nuestra pobreza. Pues ofrecemos dos cosas muy corrientes, sin gran valor ‘comercial’, por decirlo así. Y para colmo añadimos que eso poco, incluso nos ha sido regalado, que lo “hemos recibido de tu generosidad”. Es cierto que junto con ese pan y vino nos ofrecemos a nosotros mismos, pero esa misma vida nuestra también nos ha sido regalada. Por lo tanto esto pide un gesto de elevación humilde, con cariño, pero muy consciente de la pequeñez de lo que ofrecemos. Sin presumir, sin alardes. ¡No es el caso de levantar patena y cáliz a las nubes!

Después de la consagración
Esta elevación se introdujo en la Edad Media por culpa de Berengario de Tours que, allá por el año 1047, dijo que no había cuerpo y sangre de Cristo en el pan y vino consagrados. Que eran solamente símbolos. En realidad no tuvo entonces muchos partidarios, pero organizó mucha polémica. Y se instituyó lo que hoy llamamos la “elevación” por antonomasia. Por eso esta elevación es fundamentalmente contemplativa. El sacerdote que eleva lo hace pausadamente, con un momento de silencio, solicitando la fe amorosa de los fieles. Como diciendo: “Mirad: esto parece pan, parece vino, pero es de verdad cuerpo y sangre del Señor”. “¡Este es el sacramento de nuestra fe!”. Se “eleva” para que la asamblea contemple y exprese su fe en la presencia real.

Al final del canon
Está al finalizar la plegaria eucarística y era tradicionalmente la única elevación en ella. El celebrante eleva el Pan y el Vino, el cuerpo y la sangre de Cristo proclamando -y mejor aún cantando- una doxología espléndida:
“Por Cristo, con Él y en Él, A ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.”
Esta elevación tenía y tiene un sentido de gozo triunfal. Como si al elevar el sacerdote nos dijera: “Alegraos. Fijaos lo que ofrecimos. Fijaos ahora lo que recibimos. Aquí está. Cristo Cumple su promesa de estar con nosotros hasta la consumación de los siglos”. A esta presentación vibrante, propia del sacerdote, los fieles responden con un ¡Amén! no menos vibrante. Un Padre de la Iglesia, creo que san Jerónimo, decía que en su tiempo ese ‘Amén’ resonaba como un trueno en  el templo. Aquel poco de pan y vino, humildemente ofrecido poco antes, ha quedado transfigurado por el poder de Dios: ya es cuerpo y sangre de Cristo. Hay gozo, triunfo, gracias… en nuestro entusiasta ¡AMEN!

“Este es el cordero de Dios…”
Dos pequeñas elevaciones nos ayudan a alimentarnos con fe y amor del cuerpo de Cristo. Una general y otra personal. El sacerdote toma el pan consagrado y lo sostiene un poco elevado sobre el cáliz. Mientras lo miramos, nos invita a preparar nuestro corazón en la conciencia de que nuestra pequeñez necesita curación y ayuda. Y para ello la Iglesia pone en nuestros labios las palabras del centurión romano que tanto alabó Jesús:
“Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”.

El cuerpo de Cristo
La siguiente pequeña elevación es personal. Antes de darme la comunión el sacerdote eleva ante mí la forma consagrada para que mis ojos la fijen mientras me dice un admirativo “¡El cuerpo de Cristo!”. ¡Nada menos! Es una elevación que quiere sacudir mi posible rutina y que me invita a darme cuenta de la maravilla que recibo. Mi ¡Amén! es como una síntesis de mi fe, de mi amor y de mi agradecimiento.
Esta pequeña elevación corre el peligro de ‘desaparecer’. Sobre todo si hay mucha gente y el sacerdote, sin darse cuenta, va deprisa y se olvida. Pero ¡qué importante es esa brevísima mirada de fe y amor antes de que la forma consagrada llegue a mi! Prepara el diálogo íntimo amoroso que, en el silencio del corazón, entablo con mi Señor. Culmina así nuestra participación en el sacramento con la fuerza necesaria para hacer efectiva el envío final a evangelizar en nuestra vida ordinaria. Porque sólo la Eucaristía vivida nos da la fuerza necesaria para implicarnos en la nueva evangelización a la que se nos convoca.  
                                                                     
José María Salaverri sm (28 de abril de 2012)

lunes, 2 de abril de 2012

LAS ESTRELLAS Y LOS MOLINOS DE DIOS...

… están de actualidad

No sé por qué en estos días me he acordado mucho de un historiador norteamericano que se llamaba Charles A. Beard. Murió en 1948. No fue un historiador conformista y eran muy interesantes sus puntos de vista. Sobre todo sobre historia europea y norteamericana. Hacia el final de su vida se le pidió que resumiese las lecciones que había sacado de sus investigaciones históricas en un libro breve. Contestó que no hacía falta un libro, que las podía resumir en cuatro sentencias metafóricas. Desde que las leí he podido comprobar su pertinencia. Me permitiré aplicar dos de ellas a lo que estamos viviendo.

Crisis y estrellas
¿Crisis?  Sí. Existe una crisis grave y no sólo en lo económico, sino en aspectos más decisivos de la vida. Una de las lecciones que había sacado Charles Beard es aplicable a nuestro caso. Decía “Cuando está muy oscuro, se pueden ver las estrellas”. Normalmente nuestras ciudades están tan iluminadas que apenas podemos verlas.¡Qué difícil resulta hoy encontrar un lugar para los observatorios astronómicos! En realidad las estrellas importan poco: las tenemos muy olvidadas, pero ¡cómo protestamos cuando se nos va la luz eléctrica. Es una pena que hayamos olvidado lo hermoso es un cielo estrellado.
Esta crisis negra que estamos viviendo no es la primera en la historia de la humanidad. Y siempre se ha salido de ellas con bien mirando hacia arriba. hacia el cielo, hacia las estrellas. Hacia los preceptos de la ley natural, de la ética, hacia los valores humanos de olvido de sí, de solidaridad, hacia los diez mandamientos, hacia Dios y su amor por nosotros, Sin olvidar hacia el sentido común. Estrellas olvidadas que la oscuridad puede ayudarnos a reencontrar.
He dicho “puede”, como también lo dice el mismo Beard. Porque hay quien se empeña en no levantar la mirada. Prefiere mirar hacia el suelo, hacia el nidito cómodo en que me instalé a disfrutar de mi egoísmo. Hacia el barro fácil de la subvención e incluso hacia el sucio de la corrupción. Hacia el polvo del trabajo mínimo pero con el sueldo alto. Hacia el pisotón al que me puede hacer sombra. Hacia la protesta airada contra lo que sea, sin pensar en mis propias responsabilidades.
Está claro: en la crisis acabaremos hundidos si nos empeñamos en mirar al suelo. Pero saldremos fortalecidos y mejorados si miramos a las estrellas.

Cuba y los molinos de Dios
Benedicto XVI, siempre valiente, ha ido a México y a Cuba. Una visita pastoral, a confirmar a los cristianos en la fe, a decirles que miren al cielo. Ha dicho, con su estilo claro y preciso, lo que tenía que decir. Ha abogado por la libertad y el cambio en Cuba, sobre todo en la homilía de La Habana en que glosó las palabras de Jesús: “La verdad os hará libres”. Tan solo un par de citas. “La verdad es un anhelo del ser humano y buscarla supone un ejercicio de auténtica libertad. Hay quien interpreta mal esta búsqueda de la verdad, llevándola a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en su ‘verdad’ e intentando imponerla a los demás”. “Que nadie se vea impedido, por la limitación de sus libertades fundamentales, a sumarse a construir una sociedad de amplios horizontes, renovada y reconciliada”. Y cosas por el estilo. ¿Lo entendieron Raúl y Fidel? ¿Lo entendieron los cubanos? ¡Claro que sí! Ya en el avión Benedicto XVI dejó caer que el marxismo es una ideología caduca.
Entre los disidentes los ha habido decepcionados algunos y agradecidos otros. Entre los comentaristas ‘políticos’ división de opiniones. Y me he acordado de otra de las lecciones de Beard: “Los molinos de Dios muelen lentamente, pero la harina que resulta es fina”. Dios es paciente y con Él su Iglesia: habla, insiste, pide cambios, libertad… Siembra; sabe que algo germinará. Benedicto XVI ha abierto una nueva brecha. A algunos -los que quieren resultados inmediatos de varita mágica- puede haberles defraudado. Les hubiera gustado una visita más “política”, con condenas directas y personales; con encuentros con los disidentes (¿cuáles? ¡Los hay de muy diversas tendencias!); exigencia que probablemente hubiera impedido la visita… Cosa que, por cierto, no hacen los políticos que visitan la muy comunista China; nada dicen sobre el tema,  siempre miran para el otro lado para no ver la falta de libertades o la persecución religiosa. Es que en China hay negocio y dinero; en la Cuba embargada (también lo denunció el Papa) y pobre no.

Sin miedo y sin mirar a los lados, el Papa ha hablado claro y ha hecho todo lo posible con paz y serenidad. Los molinos de Benedicto XVI, sabio y reflexivo, han molido y siguen moliendo despacio. La harina fina llegará.

José María Salaverri sm (1 de abril de 2012)

miércoles, 22 de febrero de 2012

¿HORMIGAS O PERSONAS? (en el Miércoles de ceniza...)

El destino último…”
¿Se nos ha olvidado? Ese es el parecer del papa Benedicto XVI en su mensaje de cuaresma. Nos invita a fijarnos en los hermanos, en los demás. Porque somos responsables de algún modo de ellos. “Fijarse” es decir conocerlos lo mejor posible, sus necesidades para procurar aliviarlas, sus cosas buenas para alegrarnos y dar gracias por ellas… Salir de nuestro egoísmo y de nuestras preocupaciones.
Pero, a su parecer, nuestro tiempo ha olvidado algo muy importante: la ‘salvación eterna’.
“El fijarse en el hermano comprende la solicitud por su bien espiritual (…) por su salud corporal, pero también por la de su alma, por su destino último.”.

Nos recuerda que en este aspecto algo podemos hacer por ellos a través de la “corrección fraterna”. Algo también olvidado, con la justificación de que “no quiero entrometerme en su intimidad”. Evidentemente hay que hacer una cosa así con discreción, con cariño, con oportunidad…y desde luego con oración.
Por cierto que cuando, leyendo el periódico, llego a las esquelas hago caso a lo que suelen pedir “Ruegan una oración por su alma”: la hago muy breve, por todos, con un recuerdo ante el Señor. Y si la esquela resulta sin cruz y sin esa petición, el doble de oración.

La suerte de ser imperfectos
¿Por qué, según estudios sociológicos, hoy nos sentimos menos felices que la gente de hace 50 años? Estoy convencido que, en gran parte, es por haber olvidado nuestro “destino eterno”. Olvidado que nuestra vida no se acaba con la muerte, sino que se transforma. También por haber confundido felicidad con bienestar y con calidad de vida. Se puede ser feliz siendo limitado y hasta sufriendo.

No hace mucho, leía una entrevista a Rita Levi-Montalcini, neurocirujana, premio Nóbel por sus investigaciones sobre el cerebro Es judía, no sé su creyente y practicante, pero decía:
“La razón es hija de la imperfección. En los invertebrado todo está programado. Todo es perfecto. En nosotros no. Y como somos imperfectos tenemos que recurrir a la razón, a los valores éticos. Discernir entre el bien y el mal es el más alto grado de la evolución darviniana.”

Una opinión compatible con nuestra fe. Dios nos ha creado imperfectos, pero nos ha dado la conciencia, la razón, el amor… la libertad. ¡Qué regalo! Podemos amar, comprender, hacer de nuestra vida lo que queramos a pesar de nuestras limitaciones. Es cuestión de actitud ante lo que nos ha sido dado, poco o mucho, con uno o con cinco talentos…. Y luego viene el ‘destino último’, ya perfecto, en el cielo. Las hormigas no razonan, no aman, no sufren… pero tan bien programadas ¡son perfectas! De nuestras limitaciones puede salir algo hermoso. Prefiero ser persona humana, sufrir y amar, y no una hormiga

El imposible necesario
Julián Marías, reflexionando sobre la vida humana y constatando ese deseo innato de felicidad que hay en la persona humana, decía que “la felicidad es un imposible necesario”. Necesario como tendencia, como motor de la vida, aun sabiendo que nunca se conseguirá del todo. Añadía que esa tendencia podía incluso ser un indicio, no una prueba, del destino último, de la vida perdurable. El éxito no está en una vida corta o larga, sino una vida plena de sentido.
Después de leer la biografía de Héloïse, joven francesa fallecida a los 25 años, escribe una lectora:
“Es una biografía muy amena. Aunque trate del sufrimiento de una persona con una enfermedad incurable y sometida a todo tipo de tratamientos dolorosos, no es esto lo que destaca en esa vida. Es realmente su valor, su fe, su esperanza, su paciencia con lo que uno se queda.”

Héloïse fue feliz, siendo amigable, alegre, entregada a los demás a pesar de su tremenda enfermedad. Feliz por su actitud ante su vida limitada: feliz por su fe en su destino eterno. Muchas personas le ayudaron y ella ayudó -y sigue ayudando- a muchas. Nunca hubiera cambiado su vida imperfecta por la de una hormiga perfecta.

José María Salaverri sm, 22 de febrero de 2012 (Miércoles de ceniza)

martes, 14 de febrero de 2012

INTERCAMBIO CON JUAN MANUEL DE PRADA SOBRE LA VIDA RELIGIOSA

Queridos amigos:
El pasado 23 de enero José María Salaverri leyó un artículo en ABC que no le gustó, injusto contra los religiosos, titulado "Gran Hermano y vida consagrada" y escrito por Juan Manuel de Prada. Lo podéis leer aquí: 
http://www.novabella.org/wp-content/uploads/Prada-VidaReligiosa-23enero2012.pdf
La reacción de José María fue enviarle una carta abierta al periodista y que os presentamos a continuación:

Estimado Juan Manuel:
He leído en ABC su artículo titulado “Gran Hermano y vida consagrada”. Comprendo perfectamente su “extrañeza” ante la decisión de un religioso de participar en el programa “Gran Hermano”... Y hasta puedo comprender su indignación. A mí y a tantos otros religiosos nos ha dado rechazo y sobre todo una inmensa tristeza. Pero lo que no comprendo en absoluto su desaforado ataque a la vida religiosa de hoy, con afirmaciones rotundas como “Uno de los pecados mayores es la descomposición de la vida consagrada, consecuencia natural de su disparatada asimilación al mundo cuyas posiciones se adoptan porque se desespera conquistarlo desde posiciones propias”.
¿Se puede pasar del caso de un religioso “pirado” (por llamarlo de algún modo) a esta acusación general tan rotunda como falsa? Y para colmo decir que las congregaciones “acaban cobijando miembros que se pirran por participar en Gran Hermano”. No sé de dónde saca usted sus informaciones, pero me da la impresión de que usted no conoce los religiosos de verdad y de cerca…
Llevo ya más de 65 años de vida religiosa y he trabajado en muchas campos. He sufrido mucho con los errores que a veces se han cometido, con buena voluntad, pues no es fácil “estar en el mundo, sin ser del mundo, para la salvación del mundo”. Pero sus juicios me parecen un gran injusticia y una gran ignorancia de todo lo que los religiosos son y hacen hoy en la Iglesia.

Menos mal que su opinión no la comparte en absoluto nuestro Papa Benedicto XVI que en audiencia a lo superiores generales en Roma el 27 de noviembre de 2010 les decía:
Deseo expresar mi vivo agradecimiento por todo lo que hacéis en la Iglesia y con la Iglesia a favor de la evangelización del hombre (…) manifestando así vuestra pasión por Cristo y por la Humanidad.”

Me atrevo a recalcar ese en y con la Iglesia, bien subrayados por el Papa. Que resalta luego, y citándolas en concreto, tantas actividades en las que la vida religiosa está metida. No copio todo pues puede usted encontrarlo en su fuente. Y el Papa termina su cálida alocución:
A pesar del descenso del número de religiosos, la Iglesia nunca dejará de tener personas consagradas porque esta vida tiene su origen en Dios”.

Juan Manuel, me va a permitir que le remita a santa Teresa, a la que supongo venera como yo. En el Libro de su vida, en el capítulo 7º hay una lamentación que puede parecerse algo a la de usted acerca de los religiosos. Aunque pienso que ella tenía mejor información que la suya. Copio:
No sé de qué nos espantamos haya tantos males en la Iglesia, pues los que habían de ser los dechados para que todos sacasen virtudes tiene tan borrada la albor que el espíritu de los santos pasados dejaron en las religiones…”

Y es el mismo Cristo quien corrige a Teresa de ese punto de vista excesivamente pesimista. En una visión que relata en el capítulo 32 de su autobiografía, el Señor le dice:
que aunque las religiones estaban relajadas, que no pensase se servía poco en ellas, y ¡qué sería del mundo si no fuese por los religiosos!”

Creo que hoy día las “religiones”, las congregaciones religiosas, están bastante mejor que en los tiempos de Teresa de Jesús. Hay mucha santidad escondida entre los religiosos y religiosas hoy día, mucha entrega callada, mucho trabajo sin medida. Claro que no se pregona como la del Gran Hermano.

No dudo, Juan Manuel, de su buena voluntad al escribir lo que escribe. Por eso me atrevo a pedir al Señor para usted, si no una ‘visión’ como la que tuvo santa Teresa, por lo menos más vista para ver tanta gente buena, hombres y mujeres, que han entregado su vida con “pasión por Cristo y por la Humanidad”, como dice el Papa.

Suyo affmo. en el Señor José María Salaverri sm
en la fiesta de san Francisco de Sales, 24 de enero de 2012

La reacción no se hizo esperar: a Juan Manuel de Prada esta carta, entre los tantas que recibe cada semana, no le dejó indiferente. Tanto es así que enseguida, amablemente, contactó personalmente con José María, y ambos mantuvieron durante unos días un interesante intercambio de mails en el que el periodista prometió rectificar lo exagerado de sus apreciaciones en aquél artículo.
Efectivamente, lo ha hecho, y públicamente, en el XL SEMANAL del 12 de febrero de 2012, con un hermoso artículo titulado “Generalizaciones” y que podéis leer aquí:
http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=7107&id_firma=15670 

He aquí unas palabras de agradecimiento de parte de José María:
Querido Juan Manuel:
Muchas gracias por este artículo que ha publicado en XLSEMANAL (12 febrero 2012) y que viene a ser la respuesta final a la carta abierta que le dirigí en ABC con motivo de un artículo suyo sobre la vida religiosa.
Gracias por haber tenido la paciencia de escuchar la voz de este simple religioso.
Gracias sobre todo por su grandeza de alma al aceptar la cariñosa corrección fraterna que le hice. Ha demostrado que su ser cristiano es auténtico. Ha emprendido Vd., al estilo de Chesterton, ir a contracorriente de lo mundanamente correcto y defender los valores cristianos y la Iglesia… aunque a veces tenga que criticar lo que en ella se hace mal. No es tarea fácil. Y le prometo apoyarlo con mi pequeña oración”

José María Salaverri, sm (13 de febrero de 2012)



jueves, 19 de enero de 2012

¿DÓNDE HAS COLOCADO A JESÚS? Meditación para cristianos tentados de desánimo

Puede parecer una pregunta un poco extraña. La repito personalizando: ¿dónde he colocado a Jesús en mi vida? ¿Delante, detrás, arriba, abajo? Esta ocurrencia me vino al leer aquello que dijo Juan Bautista a la gente: “Detrás de mi viene el que es más fuerte que yo…”. Me diréis que no tiene nada que ver. De acuerdo, pero me ha sugerido que eso de la ubicación del Señor es importante. Veamos un poco.


¿Delante?
Pienso que la mayoría ponemos a Jesús delante de nosotros. Por aquello de “El que quiera ser mi discípulo que tome su cruz y me siga”. Y procuro seguirle cumpliendo los mandamientos, procurando poner buena cara a los contratiempos, yendo fielmente a misa, cumpliendo mis ‘deberes de estado’, -el marido, la mujer, los hijos, los compromisos de mi Fraternidad o del grupo apostólico al que pertenezco, ayudando a mi prójimo necesitado en el que procuro verle a Él, etc…. Y si soy un consagrado mis votos, mi misión… Lo malo es que hay momentos en que me canso. Eso de sólo ver las espaldas de Cristo y su cruz… Estoy cansado, no veo mucho fruto, el mundo va mal, hay tanta gente mala… A esto ya lo llamaba Pío XII el ‘cansancio de los buenos’. Parece que vuelve ese virus…


¿Detrás?
¡Hombre!, detrás, lo que se dice detrás… pocas veces. En algún momento en que he podido ser oveja perdida. Pero, bueno, soy una oveja bastante tranquila. Tal vez demasiado.


¿Arriba?
Pues sí, a veces coloco al Señor arriba. Demasiado arriba. Y le digo que no le oigo. Que a ver si se ha olvidado de mí. Que ya está bien de tanto silencio… Cuando era más joven ¿no lo sentía más abajo? Ya sé que las nostalgias no sirven. Ya sé que hay que actualizar: ahora debo buscar la “infancia que no tiene edad”, como Teresa del Niño Jesús. O como decía Mounier reconquistar esa infancia (evangélica) contra los estragos del tiempo, de la edad o de los desengaños. ¿No será que con el tiempo ando con los oídos taponados? ¿No me había prometido leer un trozo de Evangelio cada día? Una buena fórmula la de Juan XXIII. “Dios sabe que existo y eso me basta”. Claro que eso es la culminación de la infancia que tiene edad.


¿Abajo?
¡Nunca! Lo de abajo nunca se me ocurre. Sólo cuando en el credo dominical se dice que Cristo “bajó a los infiernos”. Ya sé que no se refiere al infierno de los condenados, sino a toda la gente buena de antes de Cristo que ya se siente salvada por Él… De todos modos tal podría pensar en lo de abajo en otro sentido: que si estoy de pie, si vivo, si existo debe ser por Él. Por algo les dijo san Pablo a los atenienses que en el Dios que les predicaba “vivimos, nos movemos y existimos”.


¿No habrá otro lugar?
Todo eso es muy bonito, muy cierto, pero ¿no nos habremos olvidado del lugar principal de Cristo en nuestra vida? Es decir a mi lado. Más: dentro de mí. Los buenos poetas suelen tener un sexto sentido para intuir lo trascendente. Por ejemplo José María Souvirón (1904-1975) con este soneto que nos coloca al Señor en su verdadero sitio en nuestra vida:


Ando por mi camino, pasajero,
y a veces creo que voy sin compañía,
hasta que siento el paso que me guía,
al compás de mi andar de otro viajero.

No lo veo, pero está. Si voy ligero,
él apresura el paso; se diría
que quiere ir a mi lado todo el día,
invisible y seguro el compañero.

Al llegar a terreno solitario,
él me presta valor para que siga,
y si descanso, junto a mí reposa.

Y cuando hay que subir monte (Calvario
lo llama él), siento en su mano amiga
que me ayuda, una llaga dolorosa.



¿No dijo Jesús: “Vosotros sois mis amigos”? ¿No dijo : “Vendremos a él y haremos en él nuestra morada”? Se nos olvida demasiado. Está ahí ‘invisible, pero seguro’. En la soledad me da valor. Descansa junto a mí. Pero ¿y yo junto a él? ¡Ese sagrario tan solitario! Su ‘mano amiga con llaga dolorosa’ me ayuda en los trances de ‘subir monte’… Y hasta se nos cura la vista y vemos tantas cosas y personas buenas que sin Él pasan desapercibidas.


En mi afán de procurar ser seguidor fiel ¿no me habré olvidado de ser amigo? Del verdadero Amigo.


José María Salaverri sm, 14 de enero de 2012

viernes, 13 de enero de 2012

COMO MARÍA... sobre la Fe (IV)

María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19)
Palabras para meditar en vuestro corazón, al estilo de María.

La fe tiene que estar animada por la caridad. La fe no debe de estar en el espíritu como una luz, sino también en el corazón. Tiene que ser una inclinación del corazón que sea a la vez fe y amor de la verdad: hay que saborear lo que se cree. Por eso dice san Pablo que es la fe del corazón la que justifica (santifica)

(Guillermo-José Chaminade, 1827)