martes, 23 de abril de 2013

¡TODOS A LAS “PERIFERIAS”!


Las periferias del Papa Francisco


“Que nuestra unción llegue a todos, incluso a las periferias…”

Como el Papa Francisco habla tanto de “periferias”,  se me ocurrió mirar lo que dice exactamente el diccionario de la Real Academia Española. Los dos primeros sentidos son matemáticos. El tercero -figurado- dice: “Espacio que rodea un núcleo cualquiera”. Luego miré el “Diccionario de uso del español”, y sólo pone este tercer sentido y, como ejemplo de uso, “Urbanizaciones periféricas”. Es decir los suburbios. ¿Es éste el sentido único que le da el Papa?

En la misa crismal del Jueves Santo en el Vaticano, el Papa Francisco bendijo los óleos para los sacramento del bautismo, de la confirmación y del orden sacerdotal. En esa eucaristía unos 1700 sacerdotes concelebrantes renovaron sus promesas.¡Qué homilía tan preciosa les dirigió el Papa! A ellos y a todos los sacerdotes del mundo:

“Hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora,: en las periferias…”

Hasta cuatro o cinco veces aparecen las ‘periferias’. “… Insiste en que “la unción llegue a todos, incluso a las ‘periferias’, donde nuestro pueblo fiel más lo valora y espera”. ¿Qué entiende por ‘periferias’? A través de sus palabras podemos intuirlo.  Hay que salir hacia:

“…las situaciones límite, las periferias, donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe... (Ese pueblo) sienta que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y esperanzas…”
“…las periferias… donde hay sufrimiento, donde hay sangre derramada, donde hay ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos amos.”
“…su unción es para las periferias; para los pobres, para los cautivos, para los enfermos y para los que están tristes y solos…”

Para eso hay que salir de sí mismo. Hay que tener la puerta abierta -ante todo la del corazón-, pero no para esperar pasivamente dentro; sino abierta para salir uno mismo hacia esas periferias Añade el Papa que

“el sacerdote que sale poco de sí, que unge poco -no digo nada porque, gracias a Dios, la gente nos roba la unción-, se pierde lo mejor de su pueblo…”
“Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, que sientan que estamos revestidos con sus nombres…”

Y los demás cristianos ¿qué?

Los sacerdotes somos “núcleo” con periferias asumidas que debemos ver y hacia las que tenemos que salir. Pero ¿no será también tarea de todo cristiano? Todo cristiano es ‘núcleo’ y tiene sus ‘periferias’, de las que, en algún modo, debe sentirse responsable. Unos años ha, en un libro -“Mirar a Cristo”-, Josef  Ratzinger, el futuro Benedicto XVI,  comentaba un hecho histórico que da mucho que pensar.

“Es muy interesante recordar que la Iglesia primitiva, después de la época apostólica, ha desarrollado una actividad misionera relativamente reducida; no tenía ninguna estrategia propia para anunciar la fe a los paganos y, a pesar de eso, este tiempo (s. III y IV) fue de un gran éxito misionero. La conversión del mundo pagano no fue el resultado de una actividad planificada, sino el fruto de una fe a toda prueba que se hacía visible en la vida de los cristianos y en la comunidad de la Iglesia. La invitación concreta de lo vivido a lo vivido y nada más fue, humanamente hablando, la fuerza misionera de la Iglesia antigua…”

Los primeros cristianos se sentían tan felices de serlo que necesitaban irradiar su amor a Cristo. Y lo hacían ante todo con su “periferia”: su familia, sus amigos, los vecinos, los esclavos, pobres y los ricos… Sin planes pastorales se cristianizó el Imperio romano. Recuerdo haber leído la biografía de santa Melania la joven (383-439). Una noble romana que, aparte de ir dando sus bienes a los pobres, de dar la libertad a sus esclavos, de irradiar en su propia familia, al enterarse que Venusiano, tío suyo, pagano, que tenía un alto cargo en la corte de Constantinopla, no dudó en hacer un penoso viaje hasta allí en el año 436, para rogarle que se hiciera cristiano. Lo consiguió.

No había planes pastorales, pero para aquellos cristianos lleno de fe, nada acomplejados, un convertido de su ‘periferia’ era su mayor gozo. De ‘periferia en periferia’, el cristianismo se hizo mayoritario. Pienso que a eso nos está invitando el Papa Francisco.

¿No sería bueno analizar mi propia ‘periferia’ y ver lo que mi amor a Cristo me sugiere a favor de ella?        

José María Salaverri sm, 20 de abril de 2013




lunes, 25 de marzo de 2013

LOS "BOCADOS PEQUEÑOS" DEL PAPA FRANCISCO

... y de Santo Toribio de Mogrovejo



El bueno de santo Toribio tiene mala suerte. Su fiesta -23 de marzo- cae siempre en cuaresma. Aunque la liturgia le concede en este tiempo una ‘memoria’ ¡qué pocos sacerdotes la tienen en cuenta! ¡Es que la cuaresma les parece tan importante! De acuerdo, pero los ejemplos son más elocuentes y este caso de Toribio es deslumbrante. Pero hay que conocerlo.

¿Qué vio en él Felipe II para proponerlo como arzobispo de Lima? Resumo la primera parte de su vida. Nacido en Mayorga (León), de familia hidalga, pero no rica, en 1538. Gracias a un tío suyo puede formarse. Estudia humanidades y derecho, en Valladolid, en Salamanca. Está tonsurado, pero sin ser todavía sacerdote es nombrado inquisidor de Granada, donde ejerce con una actuación serena, justa y eficaz. Nada le predisponía a ser arzobispo, ni él lo pretendía. Pensaba seriamente en ingresar en alguna orden contemplativa. ¿Qué vio en él Felipe II y luego Roma? Humildad, sencillez, falta de ambiciones terrenas, en una palabra, santidad. Ante el rey se defendió como pudo y eso mismo confirmó al rey, a quien no gustaban los ambiciosos, que había acertado con la persona adecuada. El Papa vio lo mismo…
¿No ha pasado algo parecido con Jorge Mario Bergoglio? ¿Qué han visto en él la gran mayoría de los cardenales? Ningún deseo ‘carrierista’, pero un gran deseo de santidad y de entrega.

El 11 de mayo de 1581 Toribio llegó a Lima, que le recibió con gran alegría. “Toribio venía con las ideas muy claras. La Iglesia de Lima tenía que regirse por los principios teológicos y pastorales de Trento y tenía que ser esencialmente una Iglesia en estado de misión”, dice su biógrafo. Pasaré de largo sobre los sínodos, concilios  que reunió… en cualquier lugar de su inmensa diócesis. Quería estar con los más pobres y los más débiles negros, mulatos, indios… en él encontraron siempre un valedor. Se propuso conocer a fondo la diócesis y su gente. No quería gobernarla desde su palacio de Lima. De los 24 años que duró su mandato pasó 17 visitándola. La recorrió tres veces. Se calcula que hizo unos 40.000 kilómetros, de los cuales 13.000 a pie por aquellos riscos de los Andes donde no había caminos. No le importaba recorrer aquellos andurriales para llevar los sacramento a un indito enfermo… Os suena ¿verdad?

Hace ya bastantes años encontré por casualidad uno de los catecismos que escribió para la evangelización de todos sus diocesanos. Lo publicó en tres lenguas, castellano, quechua y aymará.. Idiomas que aprendió para conectar con ellos. Quedé fascinado por una frase que escribe en el prólogo. Dice que están escritos de una manera muy sencilla, porque quiere que sean “bocados pequeños para gargantas estrechas”. Y añade que no se refiere tan sólo a los nativos, sino también a los españoles. Efectivamente entonces -y también ahora- la ignorancia religiosa era inmensa. Me pareció una fórmula genial y empecé a escribir cosas en ese estilo.

He recordado esta frase al recibir muchos testimonios de personas felices y encantadas con la homilía del papa Francisco el día de san José, al inicio de su ministerio petrino. Que es confirmarnos en la fe. Una homilía breve, clara, entrañable, cercana… Basada en la preciosa carta pastoral “Redemptoris custos” de Juan Pablo II sobre san José. Pero convertida en bocadito pequeño para nuestras gargantas tan estrechas de hoy…
Y me pregunto si eso puede ser lo que el Espíritu Santo ha pretendido al regalarnos el papa Francisco. Juan Pablo II nos regaló el “Catecismo de la Iglesia Católica” para confirmar hoy nuestra fe. Y tanto él como Benedicto XVI nos han dado encíclicas muy clarificadoras sobre los temas de nuestro tiempo..La doctrina está clara, pero la tenemos que asimilar los cristianos de a pie . ¿No le tocará ahora a Francisco dárnoslas en bocaditos pequeños al alcance nuestras pobres gargantas?

Quiero terminar estas líneas recordando la muerte del bueno de santo Toribio. No fue en Lima, en su palacio, sino durante la tercera visita pastoral. Era Semana Santa y había citado en un pueblito a los sacerdotes de los alrededores para la misa de consagración de los óleos. Arrastrándose, agotado, llegó al pueblo de Sana después de haber recorrido kilómetros -digamos leguas- por  aquellos montes, evangelizando y administrando sacramentos. El 23 de marzo de 1606, por la tarde, murió rodeado de indios y de sacerdotes. Era Jueves Santo.

José María Salaverri sm, 23 de marzo de 2013 

lunes, 4 de marzo de 2013

FAUSTINO: ¿SEÑA DE IDENTIDAD?


Para padres y educadores


Ayer, domingo 3 de marzo, se cumplieron 50 años del fallecimiento de Faustino Pérez-Manglano Magro, alumno de preuniversitario del Colegio del Pilar de Valencia. Lo tenemos en nuestra capilla pequeña, que llamamos familiarmente capilla de Faustino. Benedicto XVI lo declaró hace poco “venerable”, es decir que se merecía un sobresaliente en vida cristiana. Es el antiguo alumno más “famoso” de su Colegio: su biografía existe en doce idiomas…

Me atrevo a preguntar: este hecho al que nos hemos acostumbrado y al que prestamos tan poca atención ¿puede tener alguna importancia a la hora de educar? ¿Tanto por parte de la comunidad educativa como de las familias? Mi contestación es rotunda. ¡Sí! Me atrevo a decir que Faustino, chaval de apenas 17 años, es una seña de identidad de nuestro Colegio, de nuestros colegios. ¿Por qué? Me hubiera gustado desarrollar ampliamente el tema en una charla con padres. No me es posible, así que  por Internet van estas tres breves reflexiones… Tal vez así lleguen a más gente..

Primera. La persona de Faustino encarna con toda sencillez los valores que un Colegio Marianista quiere ofrecer. Todas las familias que han inscrito sus hijos en nuestros colegios ha recibido un folleto titulado “Marianistas. Nuestra propuesta educativa” (podéis consultarla aquí). Con una presentación atractiva, dice muy claramente nuestro ideario educativo. Se recuerda cada año su importancia al empezar el curso. Os pido que lo busquéis y leáis despacio las páginas 24 a 31 del capítulo subtitulado “una nueva persona”. Una serie de valores a promover. Los resumo muy brevemente: armonía. interioridad, alegría, capacidad de amar y ser amado, voluntad, buena preparación, apertura, libertad, solidaridad, apertura a Dios… En una palabra, personas y cristianos. Una frase final dice: “Pretendemos encarnar los valores del Evangelio, a ejemplo de María de Nazaret, la primera creyente y discípula”. ¿Nos damos cuenta del desafío que se nos presenta a todos -padres y educadores-? Solemos estar de acuerdo con esa educación en valores… abstractos. Se nos dice que esos valores están encarnados en María y nos parece lógico… y lejano. Pero ¿es esto hoy posible para nuestros chicos y chicas? Faustino, un chaval, como los nuestros, viene en nuestra ayuda. Faustino encarna a través de los episodios de una vida normal ese ideal de valores. Concretando. En episodios ciertos. Los ejemplos iluminan más que las teorías. Pidan una de las biografías (“Tal vez me hable Dios”, “Venerable Faustino. Era todo sonrisa”, etc), léanla y hagan leerla. Es posible que se os ocurran aplicaciones puntuales.              
                                                                                                                                                                                                                                                                                        
Segundo. Los ejemplos ambientales que reciben nuestros jóvenes tienden a masificarlos. Sin darse cuenta se sumergen en lo de “todos lo mismo”, desde la ropa y la música, al botellón e incluso la droga. Nivelación impersonal por lo bajo. El deporte bien practicado, el montañismo, la lectura, la ayuda a los demás, los grupos literarios, el cineforum, los grupos de fe, la amistad con el Señor… son un buen antídoto. Personalizan. Todo eso lo vivió Faustino. Los “famosos” de la farándula consiguen ser imitados ‘por fuera’. Los ‘santos’, que nunca piden imitación externa y vociferante, inspiran. Consiguen despertar por dentro la personalidad propia, lo mejor de uno mismo, el “santo dormido” que cada cual lleva dentro. Lean “Héloïse. En la estela de Faustino ”. Faustino, tan distinto en tiempo y circunstancias, le llevó a esta joven francesa a ser ella misma, a descubrir su propio camino.

Tercero. “¿Los hijos pueden ser mejores que los padres?” me preguntó una vez un chico en clase al hablarles de Faustino. La respuesta fue un sí rotundo. Si no, la humanidad estaría ya absolutamente degenerada. “Este hijo nos ha cambiado la vida”, me decían los padres de Faustino. En bien, claro. Y eso que eran personas muy buenas. Los padres en general quieren lo mejor para sus hijos. Pero ¡cuidado! el peligro ha sido -y es- querer que ‘estén mejor’ que ellos, más que procurar que ‘sean mejores’ que ellos. ¿No se ha caído con demasiada frecuencia en esta trampa? Muchos de nuestros problemas actuales vienen de ahí. Faustino ayuda a reflexionar, a valorar el esfuerzo y el olvido de sí, la cariñosa exigencia… A tomar conciencia  de ¿qué queremos para cada uno de nuestros hijos?



José María Salaverri, sm

sábado, 16 de febrero de 2013

MI JOSEPH RATZINGER, BENEDICTO XVI


Cuando me enteré de su elección, hace casi ocho años, se me saltaron las lágrimas de alegría. Cuando leí su renuncia también me vinieron lágrimas a los ojos. No de tristeza precisamente. Me cuesta definir de qué, tal vez de cariño, de comprensión, de empatía. Tengo unos meses más que él… y comprendo.
He titulado estas líneas con un “mi”. Porque no soy vaticanista, ni intelectual, ni cosa parecida, no pretendo elucubrar sobre el tema. Estas sencillas reflexiones son más bien un deber de agradecimiento por la suerte que he tenido de alimentarme de sus enseñanzas durante tantos años…

La declaración
Me ha impresionado la sencillez de su declaración de renuncia. Tanto por el momento como por el contenido. Al estilo de lo que ha sido siempre: sencillo, claro, verdadero. Ha aprovechado una reunión ordinaria a la que asisten algunos cardenales. No los ha convocado expresamente. No ha dramatizado una decisión poco corriente. Ha sido un punto más de una reunión normal. Normalidad de la que ya había hablado con sencillez en las cordiales conversaciones con Peter Seewald  en “Luz del mundo”.
Normal y sincero es también el texto de su declaración. Ya habrá quienes especulen sobre motivaciones ocultas, desengaños, enfrentamientos solapados… Nunca ha sido su estilo tirar la toalla ante dificultades o incomprensiones. Siempre ha sabido hacer frente. Aquí, confiesa sencillamente “falta de fuerzas”, “vigor que en los últimos meses ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me ha sido encomendado”. Tiene la mente lúcida, pero un Papa hoy tiene que moverse mucho, tener jornadas agotadoras…y eso desgasta mucho.
Me ha gustado el estilo sencillo de la declaración, muy medida para ajustarse al derecho canónico vigente. Y aunque toma una decisión distinta de su predecesor, hace una delicada alusión a él diciendo  que ese ministerio, por su naturaleza espiritual puede ser llevado  “en no menor grado sufriendo y rezando”… Pero él, en conciencia, ha tomado otro camino. Da gracias y “pido perdón por todos mis defectos”.

Una idea clave
Descubrí, o mejor descubrimos mi amigo el padre Mario González-Simancas y yo, a Joseph Ratzinger, allá a finales de los años 60. Nos impresionaron su claridad y su visión de la vida del mundo y de la Iglesia. Conservo este párrafo suyo de 1968, que he utilizado con mucha frecuencia pues me pareció profético:  

El porvenir de la Iglesia no puede venir y no vendrá más que de aquellos que tienen profundas raíces y viven en plenitud su fe. No puede venir de aquellos que no saben vivir más que en el instante. Tampoco vendrá de los que critican a los demás y se consideran como la norma de la infalibilidad, ni de los que escogen caminos fáciles y evitan el de la Pasión, el de la Fe, de los que bautizan la mentira y los vejestorios...
El porvenir de la Iglesia, una vez más, llevará la marca de sus santos: es decir de aquellos hombres que encuentran un sentido detrás de las frases, y por eso mismo son modernos. De aquellos hombres capaces de ver con más acuidad porque su vida abarca espacios más amplios. Esta muerte a sí mismo que libera al hombre, sólo se adquiere en la paciencia de las pequeñas renuncias de cada día.”

Desde entonces le fui siguiendo, leyendo sus escritos (todos no, ¡imposible!), analizando su trabajo en la Congregación de la Doctrina de la Fe (¡qué maravilla de sensatez y ponderación sus dos escritos sobre la teología de la liberación!). Siempre me pareció ver, como en filigrana, en todos sus escritos y actuaciones, estas líneas que acabo de citar.

Benedicto XVI
Por eso cuál no fue mi alegría cuando el 19 de abril de 2005 fue elegido Papa.
Y mi perplejidad al ver las reacciones tan negativas de cierta prensa  y hasta de “fieles” cristianos. Llego a casa y me dicen: ‘¡Sabemos poco de el!’ Fui a mi despacho y les llevé siete u ocho libros suyos, entre ellos su autobiografía. Todos con subrayados a lápiz. Lo siento, pero tengo esa mala costumbre…: `¡Ahí tenéis, una maravilla!’  Peor lo pasé al día siguiente al final de una oración con jóvenes. Uno me dice: - “¡Qué desastre de Papa han elegido!” Le pregunté por qué: - “¡Un inquisidor!  Va a echar abajo todo lo de Juan Pablo II…” Y toda la retahíla de  pinceladas negativas con que la “gran prensa” había ido elaborando el retrato-robot de un ficticio Ratzinger. Sin olvidar lo de “panzercardinal”, un peligroso tanque que nos iba a arrollar. No sirvió para nada decirles que yo lo conocía, que era sencillo, cercano, dialogante. Los prejuicios suelen resultar más fuertes que las razones.
Pedí el salón de actos del Colegio. Anuncié una charla sobre el tema. Hubo lleno. No quise que fuera una simple apología de Benedicto XVI, sino una visión más amplia. De fe y confianza en el Espíritu Santo que anima a la Iglesia. Por eso puse por título “El Papa. Consideraciones, desde la fe, sobre el paso de un Papa a otro”.  Quise mostrar que en este siglo XX, nada fácil, siempre había aparecido el Papa que se necesitaba; y que el Espíritu Santo, alma de la Iglesia, “funciona”.

Han pasado ocho años
Siempre he seguido los Papas de mi vida. A este mucho más. Leyendo todo lo que decía. “¡Qué pontificado!”, me escribía mi amigo Mario, poco antes de su muerte. Efectivamente, en poco tiempo ha enderezado muchas cosas. Decían: ‘No se ganará a los jóvenes’. Y se los ganó en las tres JMJ en las que ha participado. Muchos de sus viajes fueron difíciles –Chequia, Tierra Santa, Reino Unido, Alemania…–. Profetizaron un fracaso, pero al final sus palabras, en todas esos lugares, han sido proféticas. Una maravilla. En las audiencias semanales ha llegado a tener más personas que su predecesor... Ha sido muy claro y muy firme corrigiendo los abusos en la Iglesia. “El barrendero de Dios”, le han llamado. Pocos teólogos contemporáneos han sabido poner en circulación armónica fe, verdad, razón, libertad, caridad. Y un lago etcétera.
Ante su renuncia las apreciaciones han sido en general favorables.  Por eso qué tristeza -y hasta indignación- sentí al leer un articulista, ¡católico!, que lo minimiza, que habla de fracasos (que no cita) y que llega a decir que “ha sido un pontificado gris”. Apreciación injusta y mezquina.
Y ya que salió esa palabra ¡cuánta mezquindad se ha utilizado contra él! Y no me refiero solo al mayordomo. Sino a esos pequeños alfilerazos sutilmente desprestigiadores desde ambientes católicos. Pues ¡cuántas veces he tenido que explicar que sus ‘famosos’ zapatos de Prada no eran de Prada! Sino algo más sencillo y entrañable. Y la mezquindad de aquel artículo, en revista católica, digno del hijo fiel del Evangelio, escandalizado de que a los hijos pródigos del anglicanismo se les facilitara un régimen especial; y diciendo que antes habría que ponerlos en cuarentena por el peligro de llenar la Iglesia de ¡conservadores! No me imagino al Padre esperando cuarenta días para matar el ternero cebado. Y ese otro artículo que señalaba que en las JMJ de Madrid, en la noche de la tormenta, después del maravilloso silencio al aparecer el Santísimo, el Papa tuvo el fallo de no decir: “Ahora ¡a hacer una colecta para el cuerno de África!”. Utopía fuera de lugar. Y peor aún esa fundación, cuyo nombre y directivo prefiero olvidar, -yo la llamaría “Fundación de los 30 monedas”- que cada año premia, en nombre de la libertad, a quien se ha enfrentado al Papa y las enseñanzas de la Iglesia…  Ha habido mucha mezquindad con Benedicto XVI. Él ya previó que los lobos aullarían y pidió oraciones; han aullado, pero él ha seguido su camino impertérrito. Podría añadir más detalles. ¿No hay en todo eso lo que Julián Marías llamaba “rencor contra la excelencia”?

Sí, excelencia… y sencillez
Excelencia, y no como título honorífico, sino como categoría, la de Benedicto XVI. He sentido ganas de llorar. Sí, de llorar de pena, de dolor, y también de ternura al ver a Benedicto XVI de rodillas, pidiendo perdón... y justicia. Leyendo la carta pastoral a los obispos de Irlanda sobre los abusos a menores por parte de sacerdotes y consagrados a Dios. Condenando sin medias tintas esa aberración. Con palabras duras, parecidas a las de Cristo contra los que escandalizan a los pequeños. No ha hablado, como Jesús, de rueda de molino, pero casi, casi… Y a la vez, también como Jesús en la Pasión, llevando a cuestas esos pecados.
Al terminar la peregrinación papal a Tierra santa, Shimon Peres afirmó ante los periodistas:
(Benedicto XVI) ha afrontado las cuestiones más serias de nuestro tiempo. El mundo necesita un gran líder espiritual. Y el Papa tiene ese liderazgo moral y de pensamiento. El problema para ustedes, periodistas, es que no ha sido un viaje para las páginas de los periódicos, ha sido un viaje para los libros de Historia”. 

O las palabras de David Cameron al despedirle de su visita al Reino Unido el 18 de septiembre de 2010: “Gracias por habernos hecho sentar y pensar”. Sí, les hizo pensar. ¡Qué maravilla de concisión y claridad su discurso en Westminster Hall, ante los más relevantes políticos y las dos Cámaras reunidas! Apeló, ante creyentes y agnósticos, a la razón y a la ley natural.
Y en Alemania…, pero no quiero citar más. Sus “lecciones” -es un maestro-  han sido precisas, claras y profundas. Incluso en los libros-entrevista, ¡qué delicia de sencillez y espontaneidad su conversación con Peter Seewald!

Un legado
Este pontificado, breve pero intenso, ha preparado un buen camino para su sucesor. Seriedad y claridad en la Iglesia: ante la pederastia o lo negativo, tolerancia cero. Una prioridad: la santidad. Además un regalo inmenso de cuyo alcance pocos se dan cuenta: los tres libros sobre “Jesús de Nazaret”. Con su categoría de teólogo y la discreta cobertura de Pontífice, nos ha dicho que el Jesús de nuestra fe es el Jesús histórico. Ante un sutil semi-racionalismo infiltrado hoy ha sido claro y rotundo:
Si Dios no tiene poder también sobre la materia, entonces no es Dios”.

Queridos amigos, os invito a volver a leer la cita con qué he comenzado esta ocurrencia. ¿No refleja lo que ha hecho este gran Papa? ¡Gracias, Benedicto XVI!
Y de paso, ¡bienvenido sea su sucesor! Puede contar totalmente con la fidelidad, el cariño y la oración de este marianista ya anciano que ha visto cómo el Espíritu Santo ha hecho maravillas con los sucesivos Papas de su vida.¡Gracias, Señor!

José María Salaverri sm, 15 de febrero de 2013