martes, 8 de marzo de 2016

¿HACIA LA CANONIZACIÓN DE HENRI DE LUBAC?


Una buena noticia

Henri de Lubac
El cardenal Barbarin, arzobispo de Lyon, ha visitado al papa emérito Benedito XVI, para hablar con él del proyecto que tienen los obispos franceses de iniciar en París la causa del padre de Lubac. Efectivamente, Joseph Ratzinger fue muy amigo de este jesuita y colaboraron juntos en bastantes ocasiones. Fue un teólogo extraordinario que sufrió mucho en su larga vida de 95 años… Pero ¿un santo? Pues sí… y que ha dejado una huella profunda en la Iglesia, no sólo con sus escritos, sino también, y sobre todo, con su actitud. Tuve la suerte de descubrirlo pronto al poder leerlo directamente en francés. ¿Por qué se tardó tanto en traducirlo al español?
No, no soy un especialista en de Lubac; no me he leído los casi cincuenta libros tan variados que escribió en su vida, pero algunos sí. Y me orientaron mucho, tanto en lo espiritual como en lo apostólico.

Hay santos también hoy

Me permito volver atrás en el tiempo. En 1947, el papa Pío XII canonizaba a Nicolas de Flüe (siglo XV), patrono de Suiza. Leí el discurso del Papa en el que, de paso, recalcaba que la santidad no era cosa de siglos pasados. Copié esta frase que me sé de memoria: “En el día de hoy el número de los buenos cristianos no es tan pequeño; el de los héroes y santos de la Iglesia es acaso mayor que nunca”. Esto me abrió los ojos para ir comprobándolo a lo largo de mi vida; hoy a la altura de mis 90 años puedo afirmar que Pío XII tenía razón. ¿Cuántos buenos cristianos y religiosos sencillos, santos del 1 de noviembre, habré encontrado en mi vida? Imposible calcular, pero muchos. De algunos he escrito una semblanza para que su memoria permanezca. Me asombra también ver la cantidad de santos beatificados, canonizados o en proceso, entre las personas o personajes que han sido contemporáneos míos… El siglo XX ha sido un siglo convulso, con dos guerras mundiales, la civil española, una guerra fría e innumerables conflictos y persecuciones contra los cristianos. Y en él se ha cumplido una ley no escrita de la santidad, la del equilibrio ecológico-espiritual del mundo: “A más miserias morales en el mundo, más santos suscita Dios para compensar”. ¿Es cierto? Creo que sí.

Un teólogo controvertido

Pero volvamos a Henri de Lubac (1896-1991). Joven jesuita, destaca por su piedad y por su inteligencia. Profesor de teología fundamental en Lyon. Con otros, propugna la vuelta a los Padres de la Iglesia. Un obra suya “Sobrenatual” (1946), y alguna otra de otros autores, no es vista con buenos ojos. Se le condena a no enseñar; y hasta Pío XII escribe una encíclica contra esa “nueva teología”. Su mismo superior general le amonesta. Años duros, que acepta con humildad y un inmenso amor a la Iglesia. Escribe:

“Puede suceder que nos desilusionen muchas cosas que forman parte de la contextura humana de la Iglesia. Puede que también, sin que tengamos la menor culpa, seamos profundamente incomprendidos en ella. Y lo que es más, puede darse el caso de que tengamos que padecer persecución en su seno. Sepamos que lo que más vale es la paciencia y el silencio amoroso…”

Y más adelante:
“… en definitiva no hay otra cosa que hacer que insertarse en el plan de Dios que le conduce por sus representantes, que participa de manera infalible en la infalible seguridad de la Providencia, y que finalmente no se traiciona ninguna causa, nunca se es infiel al prójimo, a sí mismo y a Dios, cuando con toda sencillez, se obedece”.

Hans Urs von Balthasar
Son dos pequeñas alusiones a sí mismo en el magnífico libro “Meditación sobre la Iglesia” (1953), en honor de esa Iglesia en la que ha sido incomprendido. Su lectura nos entusiasmó a muchos y nos confirmó en el amor a la Iglesia. En 1957 publica en un solo volumen “Paradoxes et nouveaux paradoxes”. Según Urs von Balthasar es la obra que mejor refleja su pensamiento más íntimo. Adquirida inmediatamente, nos ha servido a algunos de faro luminoso en muchos aspectos de nuestra vida.

Juan XXIII lo “descubrió” pronto: lo nombró miembro de la Comisión preparatoria del Vaticano II, y Pablo VI miembro de la Comisión teológica del mismo. En en el postconcilio, Henri de Lubac vuelve a sufrir por la Iglesia, pero esta vez por la tergiversación que bastantes hacen del Concilio. El famoso “humo de Satanás”, como lo llamó Pablo VI. Y Henri de Lubac salió al quite: junto con Urs von Balthasar, Joseph Ratzinger, Walter Kasper y otros… funda la revista “Communio” para su recta interpretación. Juan Pablo II, que lo estimaba mucho desde antes de ser papa, lo nombró cardenal en 1983.

El “por qué” de sus escritos

En 1975 entregó a su amigo Urs el original de un libro “Mémoire sur l’occasion de mes écrits”. Allí explica el por qué de cada una de sus obras y la resonancia que tuvieron. Resulta apasionante pues refleja las inquietudes y los problemas de toda una época en la Iglesia. No son “memorias” -lo dice claramente-, sino “memoria”-recuerdo del contexto de sus libros. Pero al final del capítulo octavo, que él pensó sería el último dada su edad avanzada, se permite hacer ‘memoria’ -una confidencia- sobre su madre, una mujer sencilla:

“Toda su cultura era a base de tradición y de piedad cristiana. En ella siempre he visto tan solo olvido de sí y bondad. (…) Cuando hacia 1950, un religioso indiscreto creyó obrar bien al inquietarle por mi ortodoxia y mi conducta, ella le replicó suavemente: ‘Conozco a mi hijo; sé que será siempre un hijo sumiso de la santa Iglesia’. Cuando se enteró de que había yo sido elegido para el ‘Institut de France’ y, un poco más tarde, llamado a Roma para el Concilio, preocupada por todo esto que le parecían ‘honores’, en las dos cartas que entonces me escribió, me decía más o menos lo mismo: ‘Pido a nuestro Señor que te conserve en la humildad’. Murió a los 95 años”.

Estas palabras son una auténtica declaración de santidad de su madre, santidad del 1 de noviembre. Y de tal madre, tal hijo. Tal fue el gran teólogo propuesto ahora a la santidad oficial. Algunas de sus obras han llegando a España gracias a la Editorial Encuentro, siempre atenta a lo valioso para hoy en la Iglesia. Lo siguen siendo.  ¡Ojalá esta noticia del inicio de su Causa, anime a muchos a alimentarse de este tesoro de amor a Dios y a la Iglesia!

José María Salaverri sm


martes, 1 de marzo de 2016

LOS SANTOS HACEN LAS COSAS BIEN



Y las personas sensatas también...



…aunque no sean santas. En este caso me refiero a la amistad. A esa maligna insinuación contra Juan Pablo II en su amistad con la filósofa Anna Teresa Tymieniecka. Y es que las personas sensatas tienen las ideas claras. En cambio los labios viperinos las tienen bastante turbias… y enturbian el ambiente.

Los santos y las personas sensatas, aunque sean ateas, saben que la amistad (la que merece ese nombre) es sexuada, pero no sexual. Saben que somos sexuados 24 horas al día, es decir hombres o mujeres corporal y psicológicamente, y como complementarios así nos encontramos en la amistad y en todo. Pero…

Los santos y las personas sensatas, incluso ateas, saben que somos “sexuales” sólo algunas veces, ya en nosotros existe un instinto sexual, que preferimos llamar pulsión sexual, ya que en la persona humana es educable y dominable. Lo que nos diferencia de los animales.
Todas esas personas sensatas saben que la pulsión sexual no entra en juego en las amistades, sea entre hombres o mujeres o entre ambos sexos. Y que, si entra o acaba entrando, ya no es amistad sino “otra cosa”.

¿Qué otra cosa? Puede ser seducción o adulterio (palabra tabú en el lenguaje progre malicioso). O aventura o “romance” como lo romantizan algunos partidarios del “amor libre”. En el fondo no creen, ni por asomo, en la posibilidad de una amistad sana, fuerte y limpia. Y en este caso han manchado -sexualizándola- la palabra “intensa”. Una más.
 Resumiendo, los santos y las personas sensatas, aunque sean ateas, creen que es posible una amistad normal, profunda, seria y feliz a la vez.


La amistad que nos trajo Jesús

Este problema viene de lejos, y me preocupó desde joven. Sobre todo tras una mala interpretación del Vaticano II que trajo una crisis del celibato en demasiados sacerdotes; y que dolió tanto a Pablo VI. Desde entonces me dediqué a profundizarlo. Para colmo, el mayo francés de 1968 agravó el ambiente. La castidad se tornó en palabra tabú, incluso para muchos en la Iglesia y en su predicación. Fue precisamente Juan Pablo II quien ayudó a romper ese tabú con sus enseñanzas en las audiencias de los de miércoles en los primeros años de su pontificado: ideas claras y directas sobre el tema. Algunas de sus afirmaciones –por ejemplo sobre cierto tipo de adulterio- fueron mal recibidas por la progresía.

En un mundo en que la mujer es omnipresente y cada vez más con autoridad, no sólo el religioso y la religiosa, sino todo cristiano, tienen que estar allí, con una actitud clara de lo que es amor. Y, por lo tanto, de lo que es la amistad y la castidad. Jesús nos ha traído un nuevo concepto de amistad. En la antigüedad solo se concebía la amistad entre varones. Su ejemplo de amistad con mujeres, abrió nuevos caminos. Se me ocurrió que lo mejor sería ver cómo los santos, a través de la historia de la Iglesia, habían vivido una amistad heterosexual. El resultado ha sido un libro –“Amigos en el Señor” de Ediciones Encuentro– sobre amistades a través de la historia de la Iglesia y que culmina en un serio estudio, basado en el evangelio y en la filosofía de Julián Marías. 

Cuando escribí a don Julián sobre mi proyecto, me animó mucho a llevarlo a cabo. ¡Lástima que ahora sus libros sean tan poco frecuentados! Ha sido un gran maestro en amistad, tanto en sus escritos -sobre todo en los referentes a la mujer-, como en su vida personal. Basta leer sus memorias -“Un tiempo presente”- para comprobar su amor inmenso y su fidelidad a toda prueba a Lolita, su mujer, compatible con sus amistades -muchas de ellas femeninas-; pero amistades y no “otra cosa”, como decía él mismo.


Un gran trabajo que hacer

Cada día nos trae noticias de violencia contra la mujer, con gran escándalo de la progresía que lo llama violencia de género. Pero ¿quién la fomenta? Ellos mismos, los que nos dicen que la sexualidad es un juego, que hacen campaña entre los más jóvenes para que se diviertan con ello, que distribuyen preservativos o la píldora del día siguiente. ¿Es que no se dan cuenta que quien no ha aprendido a dominar su pulsión sexual es un depredador sexual en potencia? Un peligro; un pobre hombre que, si no cambia (se puede), nunca conocerá ni la amistad, ni el amor. Y probablemente, tan sólo la frustración y la soledad.

Una historiadora francesa, Régine Pernoud, estudiosa del papel de la mujer en la Edad Media, decía que “el jansenismo, que impregnó la iglesia en Francia desde el siglo XVII, ha considerado a priori sospechosas este tipo de relaciones amistosas…(…)  Esto ha sido así hasta una época muy reciente en la que se han considerado esas amistades como producto de una necesidad de compensación entre individuos frustrados, y más sospechosas aún en nombre de las doctrinas freudianas; y luego, en nombre de esas mismas doctrinas erigidas en dogma, se ha considerado anormal y condenable una relación de amistad que no llevara a relaciones sexuales”.  

En esto estamos. Los cristianos tenemos una inmensa tarea educadora por hacer. Por experiencia sé que se puede ofrecer una iniciación afectivo-sexual a padres y a niños y jóvenes a la luz de la maravilla que es la persona humana creada por Dios. Decía Benedicto XVI en una homilía: “San José nos enseña que se puede amar sin poseer”. Y añade que, con la gracia de Dios, todo hombre, toda mujer puede “entrar en el proyecto que Dios ha empezado a realizar en los seres que se acercan a Él”. (18 de marzo de 2009).

Lástima no haber tenido antes detalles sobre la relación de amistad de Juan Pablo II -señalada de paso en las biografías- con la filósofa Anna Teresa. Hubiera podido ser el capítulo 13 en el libro “Amigos en el Señor”. Y hubiéramos podido comprobar que iba en la misma línea de amistad que el Señor entregó a su Iglesia desde los primeros siglos…
José María Salaverri

lunes, 2 de noviembre de 2015

Nuevo libro sobre la Eucaristía


José María Salaverri, sm
"MI CUERPO POR VOSOTROS"
La eucaristía expuesta en bocados pequeños, 
para saborearla y comunicarla...



Presentación a cargo del autor
Viernes 6 de noviembre, 19.30h
Colegio Nuestra Señora del Pilar (Valencia)

Una primavera eucarística

Poco antes de renunciar al pontificado, el papa Benedicto XVI formulaba su esperanza de que en la Iglesia empezaba una primavera eucarística. En efecto, hay cada vez más iglesias con Santísimo expuesto y cada vez más se hace sentir la necesidad de profundizar en ese misterio central de nuestra fe.

Un grupo de cristianos entusiastas de la Eucaristía ha tenido una iniciativa: sacar a la luz, para que llegue a cuantas más personas mejor, este precioso y completo tratado eucarístico que el padre José María Salaverri escribió hace ya algún tiempo. Por puntos breves, claros y muy asequibles -"bocados pequeños"-, José María va exponiendo de una manera sencilla y clara todos los aspectos de la Eucaristía, para ayudarnos a entenderla y sobre todo amarla mucho más.


El libro


"Quiero afirmar con alegría que la Iglesia vive hoy una primavera eucarística": con estas palabras de Benedicto XVI introduce José María Salaverri estos  "bocados pequeños" que nos llevarán directos a saborear el gran regalo que nos hizo Jesús con la eucaristía. 

Un libro para padres que quieran participar en esta primavera, y regalar a sus hijos lo más preciado: la fe en Dios. También para maestros y catequistas con ganas de "hacer algo" por Jesús... Para todos aquellos que tratáis con niños, pero también para cualquier cristiano que ame la eucaristía. 

Cada capítulo está dividido en puntos cortos, con contenido y sentido en sí mismos: bocados pequeños para comprender mejor y alcanzar un mayor amor a Jesús en la eucaristía. Por eso este libro no es para leerlo todo seguido. Te animamos a tenerlo a mano para meditarlo, para alguna explicación familiar, o en clase.... Para enamorarse de un Dios tan grande, que nos ha amado tanto que se quedó con nosotros hasta el fin de los tiempos bajo la apariencia frágil de un pedazo de pan. 

Puedes leer el prólogo del libro pinchando aquí y también consultar el índice pinchando aquí.


Para más información y reservas del libro puedes escribir a:
grupoeucaristia[arroba]gmail.com




miércoles, 1 de julio de 2015

ELOGIO DE LA GOTITA DE AGUA


Soy un entusiasta de la gotita de agua. Sí, la del rito del ofertorio de la misa. La que se echa en el vino que va a ser consagrado. Confieso, además, que me siento incómodo cuando un concelebrante prepara el vino y echa la gotita en la credencia y a espaldas de los asistentes. Las rúbricas dicen que se reza una oración “secreta”, pero no dice que el gesto se haga en secreto.
           

¿Quién nos separará del amor de Dios?

Alguna vez, cuando celebro la misa para niños y con un monaguillo, le digo que eche la gotita. Luego le miro y le digo que la vuelva a sacar. Hay que ver la cara de asombro del chaval que no sabe qué decir. Aprovecho para remachar la efectiva imposibilidad. Gotita de agua, nosotros; vino, la sangre del Señor. Me gustaría tanto que, en ese momento, a cada uno de los participantes nos viniera espontáneamente a la cabeza las palabras de Pablo a los Romanos (8, 35): “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿la tribulación? ¿la angustia? ¿la persecución? ¿el hambre? ¿la desnudez? ¿el peligro? ¿la espada?”. Pase lo que pase, ¡nada nos separará!

¿Gotitas? Las hay muy variadas…

Pienso que cada asistente, mentalmente, tendría que ofrecer “su” gotita de agua personal, la del momento que vive.
A veces, puede parecerse a una lágrima; en momentos duros, de pérdida de una persona querida; de un fracaso; de un revés inesperado.
A veces, será una gotita de sudor, ante un trabajo o empeño difícil de llevar a cabo física o moralmente.
A veces, es la gotita de agua de mi incapacidad como cristiano que tendría que evangelizar… y no tengo más que ‘agua’, es decir tan solo buena voluntad, pero, unida al vino Cristo, puede llegar a mis hijos, a mis amigos, a mis convecinos, sobre todo a los “alejados”. Algo así como el milagro de los servidores de Caná.
A veces, la gotita puede ser de agua clara, de alegría, de agradecimiento, por tanto bien recibido, del que ¡de pronto! me doy cuenta. ¡Somos tan olvidadizos de lo bueno que nos da el Señor!
Otras veces, esta gotita no será más que de buenos deseos, pero, como dice santa Teresa, “conviene no apocar los deseos”. Y añade que los santos por ahí empezaron, por buenos deseos, y con el favor de Dios (¿el vino eucarístico?) llegaron donde llegaron.
Algunas veces esa gotita de agua me recuerda a otra persona y la echo “con ella” o “por ella” o “para ella”, con sus necesidades y deseos.

Que no falte la gota de agua


Precisamente, santa Teresa, tan amiga del agua para explicar la vida espiritual, nos dice que, a veces, no nos atrevemos a sacar del pozo de gracia que es Jesús, más que una gotita de agua. Le pasó también a ella al principio, hasta que “me determiné a hacer eso poquito que era en mí”. Una gotita de agua transfigurada.
Otra Teresa, la de Calcuta, también habló de “gotita” ante ciertos críticos: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar; pero el mar sería menos, si le faltara esa gota”. Por eso en la eucaristía diaria, y en la adoración del Santísimo Sacramento, “encontramos a nuestros pobres”. Una gotita de agua que se transforma en entrega, en caridad, en misericordia, en sangre de Cristo derramada con amor por pobres y marginados.

La oración “secreta”

¿No tendría, ese rito tan sencillo, que ser un poco más destacado en nuestras eucaristías? No sé si pienso mal, pero me temo que demasiados sacerdotes olvidan la oración “secreta” que debe acompañar a la gota que se diluye en el vino: 

“El agua unida al vino 
sea signo de nuestra participación 
en la vida divina 
de quien ha querido compartir 
nuestra condición humana”. 

Oración que resulta un poco larga para la velocidad a la que cae mi gotita. Pero es preciosa. Recuerda el “admirable intercambio” que se realiza. Un intercambio desigual, pero maravilloso. Le damos a Jesús algo muy pobre y muy humano y Él nos da el tesoro de su “cuerpo, sangre, alma, vida y divinidad”. Por eso pienso que en el ofertorio no hay por qué levantar muy alto el cáliz y la patena, sino hacerlo con un gesto de ofrenda sencillo y humilde ¡ofrecemos tan poca cosa! Pero con cariño y alegría. Y recibimos tanto, por eso lo levantamos en alto con alegría, sobre todo después de la plegaria eucarística.

Soñando

Sí, a veces sueño que en un futuro se revitalice la gotita de agua. ¿Cómo? Una persona cualquiera de la asistencia se acerca al altar y, mientras pone la gotita en nombre de todos, la asamblea dice al unísono la oración ex-secreta: “El agua unida al vino sea signo de nuestra participación en la vida divina de quien ha querido compartir nuestra condición humana”. ¿Sueño? No sé lo que pensarán los liturgistas, pero sería la manera de cada uno pensara de verdad en su propia gotita de agua. En su propia  pequeñez, pero también en su grandeza, al unirse irrevocablemente a la Sangre de Cristo. Sí, Sangre con mayúscula, como lo escribía siempre Catalina de Siena. Ella, tan “gotita de agua”, tan joven y tan poca cosa, pero escogida por Cristo y en Cristo para regenerar a su Iglesia.

José María Salaverri
Este es un capítulo perteneciente al manual de Eucaristía que próximamente publicará José María Salaverri bajo el nombre de 'Mi cuerpo por vosotros: la eucaristía expuesta en bocados pequeños para saborearla y comunicarla...'. Pueden ver más información sobre el libro aquí

martes, 12 de mayo de 2015

AMIGOS EN EL SEÑOR

Si hay alguna palabra que nos llegue de verdad al corazón, “amistad” es la que se lleva la palma. Desde la antigüedad, se habló de ella con entusiasmo. Aristóteles y Cicerón escribieron cosas hermosas sobre la amistad… pero siempre se referían a amistades entre hombres. Parecía imposible que se produjera algo así entre un hombre y una mujer. El mismo san Agustín decía que “dos cosas son necesarias aquí en la tierra: salud y un amigo”.
Jesús vino a revolucionar las cosas: tiene amigos y tiene amigas. El “vosotros sois mis amigos” que propone a sus discípulos lo aplica también a sus amigas. Y a través de la historia de la Iglesia muchos santos -canonizados o anónimos del 1 de noviembre- han vivido esta amistad entre hombre y mujer para progresar en la vida espiritual y en el trabajo apostólico.
En ciertos momentos de la Historia esta amistad ha sido vista con desconfianza. El jansenismo creó prejuicios. Y la visión freudiana moderna de la sexualidad no mejoró las cosas. Lo explica muy bien la historiadora francesa Régine Pernoud (1909-1998), estudiosa de la Edad Media desde el punto de vista de la mujer:
 “El jansenismo que impregnó la Iglesia en Francia desde el siglo XVII ha considerado a priori sospechosas este tipo de relaciones amistosas entre dos seres que han hecho, uno y otra, un voto de castidad y por lo tanto de celibato. Esto ha sido así hasta una época muy reciente en la que se han considerado esas amistades como producto de una necesidad de compensación entre individuos frustrados, y más sospechosas aún en nombre de las doctrinas freudianas; y luego, en nombre de esas mismas doctrinas erigidas en dogma, se ha considerado anormal y condenable una relación de amistad que no llevara a relaciones sexuales. Se ha dado así la vuelta al interdicto”.

San Francisco y Santa Clara
Pero, a pesar de todo, esas amistades en el Señor han existido siempre: amistades castas y gozosas. Apostólicamente fecundas. Acabo de escribir un libro con 12 de ellas a través de la historia de la Iglesia. Son la ejemplificación, a través de los siglos, del tipo de amistad que nos trajo Jesús. (“Amigos en el Señor. Hombres y mujeres de la historia unidos por la fe” – Ediciones Encuentro).
Desde Juan Crisóstomo y Olimpia (s. IV) hasta Carlos de Foucauld y María de Bondy (s. XX), todas tienen, a pesar de las circunstancias tan diversas, la marca de Jesús. De ellas se sirvió el Señor, en momentos difíciles, para su Iglesia, para purificarla. Copio del prólogo:

“¿Hubiera podido san Jerónimo llevar a cabo su magna obra de traducción y exégesis de la Biblia, sin las preguntas, las insistencias, el empeño tenaz de santa Paula y su hija? El apoyo leal y firme de santa Olimpia ¿no tuvo mucho que ver con la firmeza que mostró san Juan Crisóstomo ante el acoso continuo de la emperatriz Eudoxia? ¿Hubiera sido la evangelización de Germania tan completa sin los monasterios en los que santa Lioba y sus compañeras educaron a la mujer?
En otros de los casos que podrán conocer aquí, es la mujer la que ha recibido una misión especial. Es el caso de santa Catalina de Siena, de santa Teresa de Jesús y de santa Margarita María. Esta última, encerrada en un monasterio, ¿de qué modo podía llevar a cabo la ingente misión de propagar el amor del Corazón de Jesús tan necesario en un tiempo de frialdad y formalismo cristiano? El Señor le dio, en san Claudio La Colombière, el amigo y el hermano providencial para facilitarle la misión. En cuanto a las otras dos, con una personalidad arrolladora, también tuvieron amigos que, bajo su inspiración, les ayudaran en su trabajo de reforma”.

Celia y Luis, padres de santa Teresa del Niño Jesús
Entre esos doce ejemplos, hay un matrimonio -Celia y Luis-, los padres de santa Teresa del Niño Jesús, que serán canonizados en octubre. En el fondo, cada cual en su vocación, participan en esa amistad que nos trajo Jesús. La falta de vivencia de la castidad (consagrada o matrimonial) ha empobrecido el ambiente de nuestra sociedad. Lo que, en última instancia, se pierde es algo grave: el amor auténtico. Un no cristiano, Rabindranath Tagore, Nobel de literatura, afirmaba: “El tesoro de la castidad proviene de la abundancia del amor”.

Este libro aspira a recordar a quien lo lea que la solución es siempre la misma: reforzar nuestra propia amistad con Cristo y la amistad entre nosotros en Él. No en vano Jesús nos dijo: “Vosotros sois mis amigos”…

José María Salaverri (9 de mayo de 2015)


jueves, 2 de abril de 2015

¡APARECEN CATÓLICOS CLANDESTINOS EN JAPÓN!

Hace 150 años

El 17 de marzo de este año 2015, los católicos japoneses celebran el 150 aniversario de un acontecimiento que asombró y admiró al mundo católico.
¡Había todavía en el Japón de 1865 católicos clandestinos, descendientes de los cristianos convertidos en tiempo de san Francisco Javier! Perseguidos  y escondidos habían permanecido fieles a su fe durante casi tres siglos, sin sacerdotes, con una organización secreta.

Un país “sakoku”, cerrado
¿Cómo fue esta maravilla? En Julio 1853, el comodoro Perry, al frente de una flota de guerra de los Estados Unidos, se presentó en la bahía de Edo, exigiendo que el Japón se abriera al comercio con occidente. Japón era “sakoku”, país cerrado al extranjero desde 1630. Desde esa fecha el cristianismo era ilegal y, perseguido cruelmente, había desaparecido. Pablo Miki, jesuita japonés y 25 cristianos -varios religiosos españoles, y muchos laicos japoneses, entre ellos dos niños- fueron crucificados y alanceados en una colina cercana a Nagasaki. El catolicismo quedó -aparentemente- exterminado. Y desde entonces, Japón solo comerciaba con China, Korea y algo con holandeses protestantes.
Ante la amenaza de Perry, Japón resistió, pero al final cedió y permitió “concesiones” extranjeras en los principales puertos. Terrenos extraterritoriales, donde la potencia extranjera podía actuar casi como en su casa. Cerca de Nagasaki, en Oura, una de esas concesiones era francesa. Allí los franceses se instalaron, y como todavía el secularismo no había hecho estragos en la política, llamaron a los misioneros del MEP (Misiones extranjeras de París) para atender a los católicos de la concesión.

“Tenemos el mismo corazón que tú”
Iglesia de Oura
En Oura, el 17 de marzo de 1865, el padre Petitjean pasea, rezando el breviario delante de la iglesia. De pronto se le presentan unas catorce mujeres, procedentes de Urakami, en el otro extremo de la ciudad de Nagasaki. Le abordan y le preguntan a bocajarro:
-  ¿Dónde está "María Sama"?
Perplejidad del padre; ¡unas japonesas preguntando por la Virgen María! Las lleva al interior de la iglesia y les muestra la imagen que ellas contemplan embelesadas. De pronto, una de ellas le dice:
- ¿Nos podría presentar a sus hijos?
Sonriente, el padre les explica que él es sacerdote católico y que ellos no se casan ni tienen hijos. Entonces todas exclaman:
¡Tenemos el mismo corazón que tú…!

Entre otras cosas preguntaron además por el “rey de la gran doctrina”, que el padre Petitjean comprendió se refería al Papa. Entonces le comunicaron en voz baja que en Urakami había muchos que tenían el mismo corazón que él. Eran los descendientes de los cristianos evangelizados por san Francisco Javier y sus sucesores. Los últimos misioneros católicos martirizados les habían precavido contra los holandeses protestantes que merodeaban por aquellos mares. La Virgen María, el celibato sacerdotal y la autoridad del Papa, tres señales inequívocas de catolicismo. Desde 1612 habían mantenido la fe, transmitiéndola secretamente de padres a hijos.
María Kwanon
Su único sacramento era el bautismo que los mizukata (bautizadores) conferían a los niños. Otros cristianos estaban encargados de mantener el calendario litúrgico: los chokata. Textos de la Sagrada Escritura se transmitían oralmente. La imagen de la diosa virgen Kwanon había sido “rebautizada” como Virgen María. Cantaban con tonadas parecidas a las budistas y en esos cantos había bastantes palabras sin traducir, del latín, español o portugués.
La noticia impactó el mundo cristiano entero y despertó la desconfianza del gobierno, que decidió hacerles renegar de su fe.

Una nueva persecución
El Japón recogió el desafío político de las potencias occidentales. Herido en su orgullo, decidió ponerse a la altura intelectual y técnica de aquellos países. Y con una reacción admirable consiguió, sin perder su identidad, llegar a ser una potencia mundial. Una aventura nacional admirable.
Pero decidió poner en marcha los decretos contra los cristianos. El 1 de enero de 1870 más de 700 familias fueron citadas al ayuntamiento para hacerlas renegar de su fe…aunque fuera de modo puramente formal. No cedieron. El 5 de enero más de 3.300 personas fueron detenidas, incluidas mujeres y niños pequeños, y fueron deportados de Nagasaki hacia 21 destinos distintos por grupos de más o menos 200. Hacinados, mal nutridos, maltratados, torturados, no cedieron. 
Entre tanto, el gobierno había enviado una comisión oficial de juristas y políticos para estudiar las Constituciones de los diversos países occidentales; y así tomar ideas para una propia. En todas partes tuvo que oír mil protestas de todos los gobiernos por la persecución contra los cristianos. Ante el posible fracaso, el jefe de la comisión mandó un telegrama: “Cesen la persecución contra los cristianos o fracasamos”. Inmediatamente cesó la persecución, pero unos 600 cristianos habían perecido. Actitud admirable de esos gobiernos occidentales que supieron exigir los derechos humanos. Hoy, ante hechos peores, miran a otro lado. Sensatez del gobierno japonés que elaboró una Constitución, sin religión oficial, pero abierta a toda religión. Valor de esos cristianos, nuevos mártires, firmes en la fe. Como reconoció un perseguidor habían sido auténticos samurais por su entereza y fidelidad.

La Iglesia de Urakami tras la bomba atómica
En Urakami los cristianos fueron construyendo un hermosa catedral. En la colina de los mártires una iglesia conmemorativa, los marianistas una Escuela Apostólica y el Colegio Estrella del Mar en Nagasaki. El 9 de agosto de 1945, la segunda bomba atómica afectó de lleno a Urakami y lo arrasó. Fue una matanza de cristianos. De todos esos edificios solo quedó, como símbolo estremecedor de la tragedia, un arco levantado de la iglesia. De la Escuela apostólica no quedó nada. Menos mal que los colegios habían sido evacuados bastante antes por orden del gobierno por su cercanía a un puerto estratégico.
Hoy en la colina de los mártires un hermoso complejo eclesial recuerda a los 26 mártires. Cada 17 de marzo se celebra la fiesta de “Santa María de los cristianos reencontrados”. Hoy los católicos siguen siendo una minoría respetada. Pues los japoneses, muy reacios a la conversión y tan secularizados como gran parte de los europeos, se sienten en el fondo orgullosos de sus mártires, de sus samurais cristianos.
Nueva catedral de Urakami

 José María Salaverri sm (5 de marzo de 2015)

FABIOLA Y BALDUINO

Un matrimonio feliz y ¿santo?



¡Cuántas cosas han contado los periódicos con motivo del fallecimiento de la reina Fabiola! Pero, salvo excepciones ¡qué despiste en la referente a su noviazgo y  matrimonio! No sé por qué, un verano se me ocurrió escribir una biografía del rey Balduino:.“El rey que supo amar. Balduino” (Edibesa). Sobre algunos aspectos de matrimonio, además del libro revelador del cardenal Suenens, pude contar con el testimonio de dos religiosas carmelitas, testigos ¡sí! del viaje de bodas del matrimonio y de numerosos encuentros con ellas.

Un viaje de bodas original…
El día de su boda, en la tarde del 15 de diciembre de 1960, un avión llevaba a Fabiola y Balduino en “dirección desconocida”. En realidad aterrizaron en Sevilla y un coche les llevó a San Calixto, un pueblito de la sierra de Hornachuelos (Córdoba), donde se iban a alojar esos días en casa de Julio Muñoz, marques de Salinas, pariente de Fabiola. ¿Qué les atraía en ese pueblo perdido? Sencillamente el convento de Carmelitas Descalzas, fundado cinco años antes por santa Maravillas de Jesús. Una hija del marqués era carmelita y amiga de Fabiola. Yo tuve la suerte de que allí había dos religiosas, parientas de marianistas y me dieron su testimonio. He aquí el inicio:

“La primera vez que llegaron aquí fue el mismo día de su boda 15 de diciembre de 1960 ya tarde; como era Adviento respetaron nuestra costumbre de no recibir visitas. A los pocos días por requerimiento de la madre Priora se acercaron …El Rey se interesó mucho por toda nuestra vida, preguntando, por ejemplo, qué íbamos a tomar de colación aquella noche. Le dijimos que un plato de verdura (creo que eran acelgas) y de postre unas bellotas, que por aquí abundan. Como entonces no sabia mucho español, le tuvo que explicar la reina Fabiola que las bellotas era lo que deseaba comer el hijo pródigo  Esto le hizo mucha impresión y pidió que no le sirvieran nada entre horas.
La Reina nos comentó varias veces que lo que más le impresionaba de su marido, era ver cómo sobrenaturalizaba todas las cosas, aún el más pequeño gusto, ofreciéndoselo a Dios.

El 28 entraron en clausura, con un permiso especial del Nuncio. Al saludarnos doblaban la rodilla e incluso intentaban basarnos la mano, con un respeto enorme. Incluso con aquellas que entonces éramos novicias. Dentro de la clausura disfrutaban lo indecible; su tema preferido de conversación era hablar de Dios, de cómo vivir en su presencia, del amor y devoción a la Santísima Virgen. En fin todo en un plano espiritual, pero sin ñoñerías.”

Un rayo de sol…
Eso fue Fabiola en la vida de Balduino. Había sido proclamado rey a los 18 años en circunstancias muy duras. Parecía siempre triste. Desde que conoció a Fabiola su vida cambió. Apareció la sonrisa y la alegría que parecían haber desaparecido. ¿Un matrimonio feliz? Sí, porque cada uno intentó en todo momento hacer feliz al otro. El no haber podido tener hijos fue duro, pero supieron buscar el lado bueno: preocuparse más por los demás niños, por los pobres, los marginados. Y el amor fue creciendo. El cardenal Suenens entresaca algunos testimonios del diario del rey . En sus bodas de plata dice Balduino:

“Fabiola da tanto amor que me abrasa el corazón. Su presencia, silenciosa y activa, es para mí una inmensa alegría. ¡Señor, cuánto me mimas!"

            "Jesús, te doy gracias porque has hecho que crezca en mí un amor inmenso por mi mujer. Te agradezco que me hayas dado una esposa que me ama, después de a Ti, por encima de todas las cosas. Que crezcamos en Ti, Señor."

¿Un matrimonio santo?
En su diario, el 23 de febrero de 1992, Balduino  escribe. “Haz, Señor, que se cumpla tu sueño de santidad en Fabiola y en mí”. Que intentaron la santidad es evidente. ¿Lo consiguieron? Es el secreto de Dios. Con los defectos propios de todo ser humano, parece ser que sí.
Sintiéndose reyes de todos los belgas -creyentes o ateos- siempre fueron muy respetuosos con todos y muy discretos en sus manifestaciones religiosas. En ellos fue un mérito más. Pero en la eucaristía diaria y la oración en común encontraron siempre su fuerza. Incluso para jugarse el trono por no firmar la ley del aborto. Ahora que Fabiola fue a encontrarlo en el cielo ¿se publicará íntegro el diario del Rey? Sería muy revelador, aunque me lo imagino muy sencillo.
¿Un posible proceso de beatificación de ellos juntos? Sería maravilloso. Me temo, sin embargo, que sería demasiado explosivo para unos políticos belgas que han querido ponerse a la cabeza de la progresía, aprobando incluso una ley de eutanasia infantil. Pero sería muy bueno para una sociedad belga secularizada que, en estos días, ha podido recordar la sonrisa y la cercanía de un matrimonio feliz y entregado a todos.. Estoy seguro que algún día, antes o después, eso llegará. Necesitamos todos ejemplos así y no solo los belgas.

José María Salaverri sm (16 de diciembre de 2014)


A los 30 años de matrimonio
"Gracias por el amor de Fabiola, maravillosamente fuerte y tierno a la vez. Ayúdame a estar alegre con tu alegría y amar con tu propio amor. 
Que 1990 sea un año de ternura hacia Fabiola. Guíame, Señor para que pueda ayudarle a tener confianza en sí misma. Que sienta mi confianza y mi admiración por ella....
Jesús, gracias por haberme dado este maravilloso tesoro."